«El actual gobierno ha sido particularmente agresivo contra la cultura»: Gabriel Mariño

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«El actual gobierno ha sido particularmente agresivo contra la cultura»: Gabriel Mariño

El cineasta Gabriel Mariño platica en entrevista sobre las dificultades para hacer cine a partir de las políticas del actual gobierno mexicano. En su próxima película, Ya se quiere venir la noche, aborda el tema del suicidio y la importancia de la salud mental

Texto: Richard Godin | PIE DE PÁGINA

Fotos: Gabriel Mariño e Iván Hernández

CIUDAD DE MÉXICO.- Con la diferencia horaria, la cita se da a las diez de la mañana en México, a las cinco de la tarde en Alemania, donde reside actualmente el director mexicano Gabriel Mariño. Se comparte un enlace de Zoom, una triste costumbre que sin duda nos dejará la covid tras su desaparición. La entrevista comienza a horas y miles de kilómetros de distancia. La idea de hablar con Gabriel Mariño surge en noviembre de 2021 cuando gana dos premios en el Festival de Cine de Los Cabos con su película Ya se quiere venir la noche. Una tercera película personal que llega después de dirigir series para Netflix. Una gran brecha entre el cine documental y la ficción de gran presupuesto que intriga y obliga a la admiración. Gabriel Mariño responde a nuestras preguntas sobre el mundo del cine actual y nos desvela los motivos de su próxima película.

—Ganaste dos premios en la categoría Cine en desarrollo en el Festival de Cine de Los Cabos en el mes de noviembre de 2021. ¿Qué significan estos premios para ti?

—Sin dudas son dos premios importantísimos, porque cada premio o beca que ganas antes de filmar, cuando la película es todavía un proyecto, te acerca a poder filmar ese guión, de poder realizarlo. Creo que es difícil hacer películas en cualquier parte del mundo. Es un arte que está ligada por un lado al entretenimiento, y por otro, aunque sea una película pequeña, es muy cara en comparación con otras disciplinas artísticas porque necesitas equipo y gente, al menos un puñado de cómplices que te ayuden. También es más caro hacer películas con covid y es necesario un conjunto de protocolos y tenemos que ser mucho más responsables.

¿Cómo se logra hacer una película hoy en día en México?

—Hacer cine siempre es difícil y en México aún más. Me parece que en un país como México donde hay tantos problemas sociales urgentes, apoyar una disciplina tan cara como el cine siempre será complicado. Y sobre todo después del actual gobierno que ha sido particularmente agresivo contra la cultura y contra el cine en particular. Sus políticas han afectado bastante al cine y la forma en que ha transformado los fondos que llegan del gobierno no es necesariamente positiva. Ha generado más cuellos de botella para los proyectos mexicanos que buscan fondos. Nunca tuve el dinero para poder filmar mis películas con fondos estatales. Pero creo que es una ventaja no haber tenido esos fondos, porque ahora no tengo miedo de filmar de forma independiente. Por eso cada apoyo que recibimos, por ejemplo, de Los Cabos, es muy importante. Incluso este festival recibió menos apoyo este año, no sólo por la pandemia, sino también por la forma en que se articulan las nuevas políticas culturales en México. Me parece que, sobre todo ahorita, hacer cine en México es una lucha a contracorriente.

— ¿Es más difícil hacer documentales que ficciones?

—Afortunadamente, hay apoyos, becas y, sobre todo, las mentes de los profesionales de la industria mexicana están ahora mucho más familiarizadas con la comprensión y la apreciación de los diferentes lenguajes del documental y la ficción. Sin duda, la ficción es mucho más «glamurosa», mejor recibida en muchos lugares. Hay mucha gente que prefiere apoyar una ficción porque significa en su cabeza que habrá una alfombra roja, más fama, más artículos en los periódicos, más seguidores en las redes sociales. Es triste porque siempre he pensado que el nivel de los documentales mexicanos es superior al de la ficción. Hay muchos documentales muy interesantes, vivos, que reflejan realidades muy diferentes, muy apasionantes, con mucho valor y de forma brillante.

— En tu carrera, has realizado tanto documentales como series para Netflix. ¿Qué resaltaría de ambas y qué diferencia hay entre la producción de documentales y series?

—Me gusta poder navegar entre los documentales de los canales culturales como Canal 11, Canal 22 o SPR y las series de «gran espectáculo» como Monarca o Diablero para Netflix. Creo que mi arte mejora en la medida en que puedo utilizar nuevas técnicas o asumir nuevos retos e intentar resolverlos. Y normalmente en estos grandes proyectos hago cosas que no hago en mis películas personales, que son más limitadas. También trabajo con equipos en los que no confiaría en mis proyectos. Trabajo con géneros que no necesariamente haría en mis películas personales, como el terror, el thriller, el melodrama o el drama psicológico. Y también he tenido que dirigir a actores muy jóvenes. Por ejemplo en Diablero, Giselle Kuri me parece brillante, una muy buena actriz. Hace cosas de muy alto nivel, muy comerciales, pero su talento es muy grande. Así que me gusta porque me ayuda a deshacerme de mis prejuicios. Me gusta que me lleven a esos lugares donde me dejo sorprender. Vivo en armonía y sin contradicciones entre ambos.

A día de hoy intento ver todo, incluso las películas de Marvel y similares. Me siguen gustando las películas de superhéroes y las superproducciones. Pero las películas que quiero hacer responden más a otro tipo de manifestaciones y expectativas. No puedo juzgar porque hay colegas a los que les gusta mucho hacer una comedia romántica, trabajar con actores que no son realmente actores sino influencers porque hoy en día se pide a menudo que los protagonistas de las películas sean conocidos más por sus redes sociales que por sus habilidades actorales. Y están contentos de hacerlo y eso es muy bueno porque hay gente que consume eso. Dentro de eso, me parece que también hay desventajas porque en este tipo de películas no siempre se intenta hacer pensar al espectador, no se le trata como una persona inteligente y se perpetúan cosas como las caricaturas del machismo, el sexismo, la homofobia y se monetizan este tipo de clichés, que tampoco me gustan.

La próxima película de Gabriel Mariño está completamente en el lado personal del director y sus producciones íntimas. Ya se quiere venir la noche es una película que abordará el tema tabú del suicidio. “Pareciera que el mundo de Lucero pende de un hilo, su mente es a veces un solitario laberinto que vacila entre una realidad y otra, uno puede ver que las mentiras la han acompañado siempre y ha encontrado en ellas una herramienta para enfrentar la vida. La cotidianidad en la ciudad de México y el trabajo en un monótono y agresivo call center no lo hacen más fácil. A sus 34 años Lucero ha encontrado en la soledad y en el box un endeble refugio hasta que una invitación por redes sociales a una reunión de la vieja secundaria desnuda la primera pequeña fibra que comenzará a deshilar su endeble realidad”, dice la sinopsis. Fingiendo su propia muerte, Lucero conoce a Diana con la que mantiene una relación telefónica hecha de mentiras, opresiones y persecuciones.

Lucero. Foto: Iván Hernández

Un tratamiento original de un tema muy poco expuesto que le valió a Gabriel Mariño una ayuda en el festival de Los Cabos para desarrollar su proyecto (renta de equipo cinematográfico para cuatro semanas de filmación, diversos servicios de postproducción de imagen) por valor de más de 2 millones de pesos. La categoría en que ganó, Cine en desarollo,  premia a las películas que aún no se han estrenado o ni siquiera filmado. Distingue un guión, una idea, un proyecto. La película de Gabriel Mariño se rodará el próximo otoño con Claudia Sainte-Luce como actriz principal.

— En tu próxima película, aborda el tema “tabú” del suicidio. ¿Qué te llevó a desarrollar esta idea?

—Mis tres películas tienen elementos autobiográficos en el sentido de que empiezan a desarrollar pequeñas historias, viñetas que me sucedieron a mí o a alguien que conozco en algún momento de mi vida. Y empieza a desarrollarse un personaje, y luego un guión y más. En el caso de Ya se quiere venir la noche, me parece que nace de tres lugares diferentes: el primero es un lugar autobiográfico como que el personaje de Lucero, que es la protagonista, nace de algunos de mis propios problemas, fantasmas, como retos psicológicos o mentales que tuve que superar durante mi vida.

También nació de un compromiso social, pero sobre todo humano. Casi desde que empecé a hacer películas, me siento muy comprometido con las condiciones que enfrentan las mujeres mexicanas. Mis otras dos películas (Un mundo secreto, 2012, Ayer maravilla fui, 2017) giran mucho en torno a este compromiso. Pero sobre todo, siento que es un deber para muchos de nosotros y nosotras, y una necesidad para mí, como persona creativa, no sólo construir un personaje femenino, sino retratar y reflexionar sobre las injusticias y las violencias estructurales que enfrentan las mujeres en México.

 

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