Doña Irene 

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Irene Villavicencio Antonio,

 

Por: ERNESTO REYES 

OAXACA, Oax. (pagina3.mx).- El 17 de diciembre de 2006, el reportero Octavio Vélez, contó en estas páginas un encuentro que sostuvo, Eduardo Miranda Esquivel, abogado y presidente de la Unión de Juristas de México, con doña Irene Villavicencio Antonio, la jefa de la familia Sosa Villavicencio, quien por esas fechas participaba como muchas madres, esposas y familiares de los presos políticos de la APPO, en actividades relativas a la defensa, denuncia y exigencia de libertad de los activistas del movimiento social.

 

Este lunes 21 de febrero, en San Bartolo Coyotepec, doña Irene (20 de mayo de 1936) rindió tributo a la tierra donde hoy reposan sus restos. Era originaria de Santiaguito, Tlacochahuaya , y vecina del barrio de Consolación, en nuestra ciudad capital, donde conoció a don Inocente Sosa Bautista, el jefe de la familia, quien la dejó viuda en el año 2005.

 

En dicha información, aparece doña Irene, de lentes, pelo cano y un suéter sin mangas, persignándose en el altar familiar, ante un niño Dios, la virgen de Guadalupe, y otros santos católicos que, en su creencia más íntima, iban a interceder para que liberaran a sus hijos, Flavio y Horacio, detenidos el 4 de diciembre, del año 2006, al salir de una conferencia de prensa ofrecida por la dirigencia de la APPO en la ciudad de México. Otro de sus hijos, Erick, había sido detenido y enviado a Matamoros, Tamaulipas, por los mismos motivos.

 

Eran los tiempos de la feroz persecución que seis meses atrás había emprendido el gobierno de Ulises Ruiz, secundada por el traidor Vicente Fox y reforzada, apenas franqueaba atropelladamente el umbral de la presidencia, por “El espurio”, Felipe Calderón.

 

Miranda Esquivel con otros abogados oaxaqueños como Gilberto López, se había hecho cargo de la defensa de los hermanos Sosa y de otros presos políticos de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca que, en sinergia con el movimiento magisterial, había puesto en jaque al mandatario priista de quien demandaban su destitución. Hasta esa fecha, se contabilizaban 17 muertes, 450 detenidos, 30 desaparecidos, 13 de ellos mujeres. Y como resultado de los hechos del 25 de noviembre, donde elementos de las policías federal y estatal disolvieron una manifestación de protesta, en inmediaciones del centro histórico, 41 mujeres habían sido detenidas, quienes denunciaron actos de tortura, abuso y trato inhumano por parte de los agentes del “orden” que, a base de toletes, disparos y gases, desde el 28 de octubre se fueron apoderando de la ciudad de Oaxaca de Juárez. Del mismo centro histórico, donde el 14 de junio el “Carnicero de Chalcatongo” había tratado de desalojar, sin éxito, el plantón magisterial.

 

En aquél encuentro, doña Irene comentaba, ante el abogado Miranda, que sus hijos eran inocentes de los (supuestos delitos) que se les acusaba, y proponía:  “El presidente, en vez de solapar a Ulises, debería mejor oir al pueblo, que pide que se vaya el gobernador”.  Y al final del encuentro doña Irene enviaba un mensaje a sus hijos, particularmente a Flavio: “Que se cuide, Dios lo va a ayudar porque no es un hombre malo (igual que los otros encarcelados). Ulises Ruiz tiene que irse y todos vamos a quedar tranquilos. Que le eche ganas”.

 

Flavio había sido apresado en compañía de su hermano Horacio, Ignacio García Maldonado y Marcelino Coache Verano, en un acto de alta traición del gobierno federal, porque su presencia en la capital del país tenía el fin de contribuir al establecimiento de las primeras bases del diálogo para distender el conflicto.

 

Después de purgar cárcel, un año y medio en el penal de máxima seguridad de Almoloya de Juárez, donde eran enviados reos de alta peligrosidad, y en el penal de Cuicatlán, Flavio Sosa Villavicencio fue liberado el 19 de abril de 2008. En tanto que Horacio había quedado libre el 19 de noviembre de 2007.

 

Para Soledad Jarquín “en este movimiento la participación de las mujeres fue crucial porque fueron protagonistas de cientos de acciones políticas, de resistencia y de discusión, defensoras de los derechos de familiares víctimas de violaciones a sus garantías individuales y voces alzadas contra la impunidad”. Sin el aporte de las mujeres, (ese) movimiento sería en número e importancia, sin duda, la mitad de lo que ha sido. Todas esas mujeres, afirmaba la periodista, han ayudado a tejer la historia actual de esta entidad. Doña Irene, era una de ellas. Descanse en paz.

@ernestoreyes14