Juan de Dios regresa a casa | Cuando los desaparecidos dejaron de ser invisibles en Puebla

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En Puebla hay más de 2 mil 500 personas desaparecidas que son buscadas por sus familiares. Ellos están moviendo a todo el aparato estatal para lograrlo. Hasta hace cuatro años era impensable una organización ciudadana por el alto índice de violencia que aún azota varias regiones del Estado

Texto: Aranzazú Ayala (@aranhera)* / A dónde van los desaparecidos

Fotos: Marcos Nucamendi, Marlene Martínez y Alexia M. Montalbán

PUEBLA.- “Siempre me imaginé que cuando él regresara iba a hacerle una fiesta, la fiesta más grande de mi pueblo. Y como no tengo dinero, dije, pues va a ser de traje. Y que él iba a entrar aquí, que iba a haber música, y que íbamos a platicar y reírnos, y que todo esto que pasamos todos estos años iba a ser como… como un mito, que lo íbamos a ver como algo casi irreal”, dice María Luisa Núñez Barojas, mirando hacia un punto invisible en el horizonte en el patio de su casa. Entrecierra levemente los ojos, deteniéndose en un instante entre la alegría y la nostalgia.

Es sábado, después de mediodía, y por fin tiene unos minutos de calma desde el 28 de abril de 2017: ese día fue el último que vio a su hijo mayor Juan de Dios Núñez Barojas, justo una semana antes de la fecha en la que el muchacho de 23 años iba a casarse.

El joven iba con sus amigos Abraham y Vicente Basurto Linares, regresaban de Tecamachalco hacia su pueblo Tehuitzo, en Palmar de Bravo, en el centro del estado de Puebla. Cerca de las nueve y media de la noche María Luisa escuchó a su hijo contarle por teléfono sobre un retén en la carretera y la promesa de llegar pronto a casa apenas pasaran ese retraso. Para que ese momento llegara pasaron cuatro años, 9 meses y 21 días.

Tehuitzo es un pueblo muy pequeño, en el corazón del municipio de Palmar de Bravo en la zona conocida como “triángulo rojo”, una de las más violentas y peligrosas de Puebla sobre todo durante los últimos años, foco rojo del robo de combustible en ductos de la empresa paraestatal Petróleos Mexicanos, conocido también como huachicol, delito que estalló en este estado antes de intensificarse en otras entidades como Hidalgo y Guanajuato, donde ahora arrecia la violencia por grupos criminales.

Tehuitzo se encuentra a unos cien kilómetros de la capital poblana, en los límites con el estado de Veracruz. Crédito: Marcos Nucamendi.

Durante el periodo del exgobernador Rafael Moreno Valle (2011-2017) el robo de combustible escaló tanto que puso a Puebla como una de las entidades mexicanas con mayor problema por reportes de tomas clandestinas halladas para extraer combustible. Lo peor fue la violencia implícita con ese delito. Los grupos dedicados al huachicol replicaron las lógicas del crimen organizado, ‘peleándose las plazas’ y generando violencia en todos los niveles. Hubo desde enfrentamientos en las calles hasta desapariciones y asesinatos.

Para 2017 la inseguridad relacionada con el huachicol ya dejaba estragos en Puebla, pero ni las autoridades ni la sociedad reconocían el crecimiento de violencia. El 4 de mayo de ese mismo año, en Quecholac, municipio vecino de Palmar de Bravo, el Ejército asesinó a un hombre al que presentaron como presunto huachicolero, eso provocó una amplia investigación e incluso una recomendación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, evidenciando por primera vez a nivel nacional lo que estaba ocurriendo.

En ese año fue desaparecido Juan de Dios, pero en Puebla no se hablaba del fenómeno que ya había carcomido a una buena parte del país desde 2010, cuando el entonces presidente Felipe Calderón le declaró la guerra al crimen organizado: la desaparición de personas. Hoy en día el dolor de tener a un ser querido desaparecido alcanza a cerca de cien mil familias en México, de acuerdo con cifras oficiales.

 

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