El costo de sembrar papas con agrotóxicos: “Perdí el conocimiento y me sentía muy mal”

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Las personas que viven cerca de plantaciones de papa cultivadas con agrotóxicos padecen náuseas, ardores en la piel, dolores de cabeza y llegan a ser hospitalizadas. Testimonios de una extensa región de Veracruz muestran una situación compleja que necesita regulación urgente. También enseñan el camino hacia otras opciones menos agresivas para la salud

Por Fabio Ramírez y Rodrigo Soberanes / Por La Marea   

VERACRUZ.- Diana espera gemelos y su embarazo enfrenta riesgos. Su cuerpo estaba sano y sin complicaciones, pero un productor agroindustrial rentó la parcela aledaña a su casa para sembrar papas, con lo que comenzó a sufrir los mismos problemas de salud que otros habitantes de su pueblo que también han estado expuesto a las mismas sustancias químicas.

Ella vive en Matlalapa, una comunidad del municipio de Xico que está enfrentando las consecuencias de la siembra de papa como monocultivo con el uso de plaguicidas con un nivel de toxicidad tan potente, que son considerados como altamente tóxicos para la salud de las personas, de acuerdo con Convenios Internacionales, tales como el Convenio de Estocolmo (2004) y el de Rotterdam (2005), ratificados por México.

Durante enero Diana fue presa de unos malestares que causaron preocupación en casa. Era el primer trimestre de embarazo, cuando los síntomas de la gravidez son más molestos, pero lo que sentía no era normal. “Se nos estaba acabando la niña a principios de año”, dijo su suegra.

La falta de apetito, los vómitos tan frecuentes, los ardores en la piel y el malestar generalizado en el cuerpo se parecían a los síntomas que presentaron otras personas del pueblo que viven junto a plantíos de papa que también fueron cultivados usando plaguicidas y herbicidas altamente tóxicos.

Diana y sus criaturas están en peligro: “En mujeres embarazadas la exposición a agrotóxicos puede ser muy grave, las moléculas que pueden alterar las hormonas pueden tener efectos en sus niños cuando ya sean adolescentes”, afirmó el coordinador de la Red de Acción sobre Plaguicidas y Alternativas en México, A. C. (RAPAM), Fernando Bejarano, en entrevista con La Marea.

Diana está en un dilema: tiene que decidir si se queda en la casa asumiendo los riesgos, o si busca otro lugar donde no tendrá la atención que necesita.

La empresa que alquiló el terreno aledaño a la casa de Diana, sin embargo, no está en ningún dilema: mandó a sus trabajadores a aplicar herbicidas que técnicamente son sustancias que matan la vida, en este caso para eliminar las hierbas o mal llamadas malezas, aunque también existen insecticidas, nematicidas, fungicidas y bactericidas, mejor conocidos como plaguicidas.

En esta parcela no quedó vestigio de vegetación, lo cual contribuye a la degradación del suelo por contaminación química.

También sacaron cientos de rocas con trascabo y remolque hasta dejar la tierra sin obstáculos para el arado y la siembra de los tubérculos. Esto genera que el suelo quede expuesto y se erosione por las fuertes lluvias y el viento, a lo que se suma que el cultivo de papa lo hacen a favor de la pendiente, como una resbaladilla.

Lo que sucede en Matlalapa y comunidades aledañas es que la empresa llega a ofrecer sumas de dinero difíciles de rechazar a cambio de alquilarles sus tierras para sembrar papas usando plaguicidas. Las causas de esto son complejas, ya que responde a un modelo agroindustrial depredador, el modelo de la Revolución Verde impuesto desde los años sesenta a nivel mundial, dependiente de alto uso de agrotóxicos, maquinaria agrícola y monocultivos (Holt & Altieri, 2013[1]). Como cualquier otro cultivo agroindustrial aparenta ser muy rentable, pero está a merced de un mercado altamente volátil, además de que tiene altísimos costos de producción y afectaciones socio ambientales.

“Quieres ser rico, cultiva papas, quieres ser pobre, sigue cultivando papas”, dijo un campesino de la región.

A Ricardo, el dueño del predio aledaño a la casa de Diana, le dieron 10 mil pesos por sembrar en una hectárea, y a pesar de que está enterado de las afectaciones e incluso en contra de la siembra con agrotóxicos tuvo que aceptar, a causa de un accidente que lo incapacitó para trabajar. “Los tuve que agarrar (los 10 mil pesos) por la maldita necesidad”, contó desde su casa.

Todas las personas que fueron entrevistadas en terreno pidieron no revelar sus nombres reales por motivos de seguridad.

¿Cómo culpar a alguien que realmente necesita el dinero? ¿Cómo culpar a las personas que reciben empleo -al menos temporal- cuando no encuentran trabajo en ningún lado?

Pero también están las náuseas, los ardores en la piel, dolores de cabeza y las hospitalizaciones de personas.

“Se fumiga en la noche y hace aire. Nos llega el mal olor”, dijo la suegra de Diana. “Aquí la peste llega a la hora que sea. Una vez llegué a mi casa y apestaba al líquido”, dijo otra habitante de la zona. “Aquí se desencadenaron problemas personales”, agregó una tercera.

Matlalapa y muchas otras comunidades de la Cuenca Alta del Río la Antigua (CARA de aquí en adelante), localidades rurales de la cara oriental del Cofre de Perote, están en un dilema.

La Red de Acción sobre Plaguicidas y Alternativas en México (RAPAM), calculó en 2017 que en México hay 184 ingredientes activos que tienen una o más características que los definen como altamente peligrosos circulando en el mercado.

“Es decir, que pueden causar la muerte a corto plazo o pueden causar problemas como la probabilidad de cáncer, efectos reproductivos, alteraciones hormonales y aspectos ambientales graves como afectaciones a las abejas y afectaciones a organismos acuáticos”, dijo Fernando Bejarano, coordinador de la RAPAM.

“Lo que preocupa más es que las autoridades de salud no le han dado la importancia ni la dimensión que tiene este problema”, agregó el especialista en entrevista con La Marea.

Matlalapa, con situaciones como la de Diana y sus gemelos en camino presenta una realidad más conocida en las comunidades del Cofre que de cinco años a la fecha -según testimonios en la región- se está acercando a pueblos y ciudades con bosques como Xico, Coatepec, Teocelo y Tlalnelhuayocan.

Todos son lugares de alta biodiversidad, relictos del bosque mesófilo de montaña donde también se produce el agua, los alimentos y en general los servicios ambientales que el área metropolitana de Xalapa necesita para su calidad de vida, además de las implicaciones a la salud de todas las personas que viven directamente en situaciones de exposición cotidiana los plaguicidas.

El Programa de ordenamiento ecológico regional de la región capital de Xalapa, Veracruz regula la siembra de monocultivos con sustancias químicas tóxicas en esa ciudad y los 11 municipios aledaños, como Coatepec.

Ese documento obliga a autoridades estatales y municipales a cumplir el ordenamiento y señala que aún los agrotóxicos permitidos no deben aplicarse a menos de 500 metros de “casa habitación, espacio público, poblado o cuerpo de agua utilizado para el abasto de agua para uso humano (ríos, manantiales, cajas de agua, presas) o de ecosistemas importantes para sostener la vida en la región”.

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