Empleo que te quiero empleo

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Sabemos que aquél que hambre tiene, en pan piensa. En qué otra cosa más podría pensar en éstos días, que no sea en conseguirme un empleo. Ya lo he dicho cientos de veces aquí –y en todos los lugares donde tengo la posibilidad– pero siempre puedo decirlo una vez más, qué caray: Cinco años de mi vida laboral, de mi vida productiva, se fueron al carajo gracias a los manejos turbios, criminales, del gobierno del Estado de Oaxaca. No sólo del todavía presente (que ya le falta poco, por suerte) sino por lo menos desde hace 3 sexenios. Fíjese usted, qué cosas, prácticamente de Murat a Murat.

Súmele otros tantos más años trabajando contratado en la modalidad de outsourcing y mi AFORE a éstas alturas es una vergüenza y está para llorar. Puntos de INFONAVIT debo tener como -5000 (sí, cinco mil, pero en negativo).

Y yo realmente llegué a creer que ahí, en los SSO podría “hacer carrera”, que era ya el lugar definitivo, como para “establecerme” laboralmente y llegar un día a jubilarme y tener una pensión, que sólo era cuestión de “picar piedra” por un tiempo. ¡Iluso de mí!

Y bueno, ¡pues qué remedio! Le buscamos, intentamos “moverle”, el presidente dijo que era nuestro “Padrino” pero toda la corrupción entre él y nosotros ha impedido que podamos volver a nuestro empleo. Es como ver una película, una tragicomedia titulada “La corrupción entre nosotros”, “The corruption between us” o “La forma de la corrupción”, “The shape of the corruption”. Y sin Guillermo del Toro. O sea, mal.

A veces me dan ganas de buscar la fila donde se forman las personas para pedirle deseos a ese señor. Parece tener verdaderas influencias, de las buenas, lo he visto suceder en redes sociales; de pronto alguien lo invoca y ¡shazam! Deseo concedido. Con una simple publicación suya se mueven recursos (muchas veces, si no todas, creo que los suyos propios) y hasta funcionarios federales. Como decía, parece ser un verdadero influencer, de los buenos, no como Marianita de Fosfo-León.

Así quizá en una de esas yo podría… Pero no, creo que mejor no. Además, no sé cuál será su “promedio de bateo” ni cuantos deseos puedo pedirle. Quisiera estar prevenido en caso de que en mi turno al bate me tire rápidamente un strike. Si es usted aficionado al “rey de los deportes” ya se habrá dado cuenta que es otro tema que no domino realmente. En fin, que si pudiera de verdad hablar con él sólo le diría dos palabras (para empezar): “¡Dame <<chance>>!”.

Total, que hay que buscarle, ¿no? Actualmente se supone que “es más fácil”, porque ya los periódicos no son el primero y casi único sitio dónde buscar vacantes. Ahora hay portales especializados donde las empresas que tienen las publican. Por cierto, ahora que tanto hablan los patrones “defendiendo” la libre empresa y todo eso, he visto en la calle abundantes carteles publicitarios donde se dice: “Las empresas generan 8 de cada 10 empleos”. Y eso está muy bien.

Sólo quisiera saber, por ejemplo, de cinco “prestaciones de ley” que ofrecen, ¿con cuántas cumplen realmente, como debe ser, cabalmente? Porque frecuentemente veo que en sus publicaciones dicen ofrecer “ventajas” como las siguientes:

“Contrato directo con la empresa”. Caray, “yo, con mi conocimiento jurídico” puedo decir que en teoría es una condición que debería cumplirse en todos los casos y de ninguna manera debería ser considerada como una ventaja sobre otros empleos. Antes bien, mal estaría actuando y hasta cometería una falta el patrón que así no lo hiciere. Al menos en un mundo ideal. ¡Un poco de responsabilidad social, caramba!

“Cotización al 80% ante el IMSS”. De nuevo, no debería ser ninguna ventaja sobre otros empleos, toda vez que todos, sin excepción, deberían estar debidamente registrados ante dicha institución, ¿no es cierto, señora Alcalde? De otra manera cometen −e invoco de nuevo a “mi conocimiento jurídico”− un fraude al IMSS que equivale decir a la nación misma.

Lo mismo sucede cuando enumeran como una ventaja de trabajar para ellos el proporcionar “cotización al 100% ante el IMSS”. Creo que eso no deberían ni mencionarlo, toda vez que de antemano está establecido en la ley que así debe ser. El concepto “prestaciones de ley” engloba todo eso.

Tampoco deberían enumerar “ventajas” que no son más que las prestaciones que todo empleador debe proporcionar a sus empleados (AFORE; INFONAVIT, vacaciones, descanso semanal, prima dominical, reparto de utilidades, etc.) salvo quizá en algunos casos muy especiales todo eso se supone implícito.

Es una gran tontería hacerlo, imagine usted qué me diría un posible empleador, o su representante en ésta tierra, si yo le dijese: “Oiga, me gustaría que me diera un empleo y me pagara. Yo a cambio hasta podría trabajar. Si no al 100, al 80 por ciento, por lo menos”. Apuesto a que no se lo tomarían nada bien. Es más, ¡me correrían “retroactivamente”, aún antes de contratarme! O bien, no me contratarían. O me contratarían sólo para…bueno, creo que ya se entendió la idea.

Otro aspecto, crítico en mi caso, es la edad. Parece ser que para esas empresas que generan 8 de cada 10 empleos en México la vida termina pasando los 35 años. ¡Ni que estuviéramos en la edad media! Eso también está fuera de norma, ¿cierto, señora Luisa María Alcalde?

Lo mismo que especificar un género exclusivo, para empleos que no justifican del todo hacerlo. No es limitante para un empleo donde se requiere preparar alimentos el ser de un género o de otro, así, es ilegal solicitar explícitamente “COCINERA” cuando el trabajo lo puede desempeñar igual de bien un “COCINERO”. O al revés. Creo que se entiende la idea.

Con respecto a la edad hay casos terroríficos. Envié una solicitud hace unos días y extrañamente me contactaron. Pongo “extrañamente” porque más del 95% de las empresas en donde uno se postula por medio de esas bolsas de trabajo en internet, ni siquiera se comunican para decir: ”Ahora no, gracias”, o al menos el clásico “Nosotros te llamamos”.

Pues total que me llamaron. A todo esto se supone que las bolsas de trabajo funcionan más o menos así: Uno se registra, da sus datos de contacto, envía un currículum y a veces hasta puede realizar en línea algunas pruebas de competencias laborales que se supone pueden dar algunos puntos extra ante un potencial empleador.

Luego, ya registrado, se busca una vacante y se postula. El portal envía entonces los datos del postulante a la empresa que puede así aplicar un primer filtro y programar entrevistas con los candidatos que considere más viables. Es cómodo para postulantes y empresas, es ágil y uno puede así postularse a varias vacantes en un par de horas, cosa que sería muy difícil de hacer si no es en un par de días, de hacerlo presencialmente.

Sin embargo echo de menos ese primer contacto con el reclutador. Es una de las pocas cosas que me gustaría seguir haciendo “frente a frente”, antes de ser descartado.

Total, que de ese empleo del que hablaba me llamaron y acordamos hora y fecha para una entrevista. Y allá fui. Y como diría Alex Lora: “Tiempo, dinero y esfuerzo, se fueron por el caño”. Tardé más en acomodarme en la silla que en levantarme para salir. La encargada de RRHH me comunicó que por políticas de la empresa la edad máxima para el personal de nuevo ingreso es de 25 años. Y yo me paso de esa edad. ¡Pero nada más poquito! Tantito nada más. ¡En fin!

No quise discutir con ella porque para empezar no es mi estilo. Además, ¿qué culpa tiene la licenciada de las políticas de la empresa para la que trabaja? Sólo me quedé con una duda: Si ya tenían mis datos y sabían que tengo… 29, ¿para qué carambas me llamaron? ¿Querían decírmelo en mi cara?

Así sucede, con los empleadores. Otro punto, para mí de cierta controversia, es en cuando a la duración de la jornada laboral. A menos que me equivoque, la ley estipula que la jornada máxima es de 8 horas, sin embargo, muchas publicaciones en occ.com.mx, computrabajo.com.mx y mx.indeed.com, abiertamente anuncian jornadas de 10 horas.

Y así, con todas esos requerimientos sin cumplir y condiciones hasta ilegales, se atreven a decir que se trata ni más ni menos que de “Ofertas laborales”. Quizá en sentido estricto sí se trate de ofertas, aunque no siempre todas resulten igual de atractivas.

 

Adrián Lobo.

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