Visibilizar la lucha de los mixes a pesar de las amenazas

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Diana Manzo

Oaxaca, Oaxaca. Acompañar las luchas de su pueblo mixe lo ha puesto en una confrontación con el poder, y no era lo que Joaquín Galván anhelaba. Su única finalidad era visibilizar la lucha que tiene un pueblo para la defensa de su territorio.

Joaquín Galván, de 26 años de edad, estudió derecho y desde hace tres años es activista por pasión. Actualmente enfrenta una serie de amenazas por visibilizar la lucha comunitaria y dignificar la vida de su pueblo.

Recientemente, acompañó a familias de los tres jóvenes mixes asesinados en los Estados Unidos. Pensó que sólo se trataba de exigir apoyo a las autoridades para la repatriación de los cuerpos y se les diera sepultura digna, pero no fue así, y se enfrentó a una serie de amenazas.

Joaquín estaba desesperado, y no entendía que defender su territorio y brindar su acompañamiento le ocasionaría un riesgo, por lo que usó las redes sociales para denunciarlo y exigir ayuda de parte de las autoridades. Después de varias semanas, fue integrado al Mecanismo de Protección de los Derechos Humanos de Periodistas y Defensores con medidas de medio nivel.

El joven asegura que tener un botón de emergencia y una escolta de seguridad estatal no le ayudará de mucho, porque vive en una zona donde la señal de telefonía celular es pésima y eso complicará el llamado en caso de emergencia. Sin embargo, Joaquín no desiste, y sigue acompañando y visibilizando las luchas comunitarias.

La realidad tiene muchos matices

Se altera cuando habla de las injusticias y su voz es quedita al referirse de su activismo. “Oaxaca tiene muchas realidades, muchos matices, yo no pedí ser defensor, y mira, ahora hasta en peligro estoy”, dice Joaquín.

El joven de voz gruesa y enérgico narra que su primera lucha fue por no permitir el despojo de tierras agrarias de su madre. “Como hijo uno se mete, se involucra. Logramos que a mi mamá y a otras personas se les respetaran sus tierras, ahí fue mi primer proceso, y ahora han pasado tres años”.

Otra de sus luchas visibles es la exigencia de “Agua para Ayutla”, su tierra natal, que aunque las autoridades de Oaxaca han dicho que se trata de un conflicto entre pueblos, Joaquín recuerda que fue un despojo de un grupo armado de Tamazulapam del Espíritu Santo, Oaxaca, y que de las tuberías de los hogares no cae el líquido desde el 2017.

Todo está interconectado, asegura el joven activista, quien ha tendido sus redes de apoyo y colaboración a través de las redes sociales. En ellas también conoció una red de acompañamiento que le brinda contención emocional ante la vulnerabilidad en que se encuentra.

También reconoce que las cosas o acciones no funcionan de la forma en que lo imponen las leyes, porque no son suficientes, y la prueba son los asesinatos continuos de activistas y defensores del medio ambiente y territorio.

“Todos los días me enfrento a este dilema, el de seguir o no. Mi familia claro que se preocupa, pero también reconoce que el acompañamiento que hago ha visibilizado la lucha de mi pueblo, de mi gente, y acá sigo”, recalca.

Sí vale la pena

Visibilizar las luchas, aclara Joaquín, no se trata de ser víctima ni ser el súper hombre, sino más bien es contar la defensa, lo que enfrentan y cómo lo viven los pueblos indígenas en México.

“Claro que vale la pena acompañar, y por supuesto reconozco que es un riesgo, pero no sé decir no», expresó al manifestar que después del último acompañamiento su vida estuvo en peligro, por lo que quizá ahora lo haga más conscientemente.

Joaquín sabe que no se trata de ser un héroe, no es lo que busca, su única lucha es visibilizar la defensa de su territorio.