Al Grano: Los años futuros: más cálidos y más virulentos

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Emmanuel González-Ortega

Con el calentamiento global estamos viviendo el periodo de mayor cambio ecológico registrado en la historia de la humanidad y, en el futuro cercano, la supervivencia de muchas especies dependerá de su capacidad de movilizarse para encontrar regiones con climas más benignos en donde puedan completar su ciclo de vida: encontrar alimento, reproducirse y así, preservar la especie. Para lo que queda de este siglo, se estima que, aún en escenarios no tan drásticos de cambio climático, muchas especies se desplazarán 100 kilómetros o más, llevando con ellas sus patógenos hacia nuevos ecosistemas y, dado que muchas epidemias o pandemias se originan a partir de brotes virales de origen animal (conocidos como brotes zoonóticos), este fenómeno será una amenaza potencial a la salud global. El ejemplo más claro es la pandemia por coronavirus -SARS CoV2- que aún estamos superando. Una de las teorías más difundidas sobre la aparición del SARS CoV2 indica que, un coronavirus previamente desconocido pero existente en algún animal silvestre (murciélagos) pasó a los humanos a través de un animal “intermediario”, por ejemplo, a través de animales domesticados (proceso llamado transmisión zoonótica) lo cual, subsecuentemente, disparó la pandemia. Este tipo de fenómenos han ocurrido anteriormente: en las últimas tres décadas ha habido brotes de virus del Ebola, virus causantes de síndromes respiratorios agudos, la influenza aviar o porcina; y seguramente sucederán de nuevo y probablemente con más frecuencia.

Los virus con capacidad zoonótica son solo un pequeño porcentaje de toda la diversidad existente de virus, y los humanos representan solo una de las aproximadamente 6500 especies de mamíferos que pueden albergan virus, por lo que, en cuanto a intercambio de virus, podrían darse, más o menos, 21 millones de combinaciones de encuentro entre virus-huésped, considerando a todas las especies de mamíferos. Un estudio recién publicado en la revista Nature indica que, en los siguientes 50 años, como efecto del calentamiento global, la transmisión de virus podría aumentar muy drásticamente debido a migraciones forzadas de especies silvestres que no han estado en contacto antes -el estudio se centra principalmente en mamíferos-, lo que implicaría el intercambio de diferentes tipos de virus a los que esas especies nunca antes se han expuesto. Al efecto del cambio climático en el aumento de brotes virales, se suman los efectos provocados por la alarmante deforestación y por el avance de la frontera urbana y agrícola industrializada, lo que deriva en una interacción más intensa entre especies y contacto más frecuente de los humanos con especies silvestres, o animales domésticos que interactuaron con aquellas. Por otro lado, aunque la mayoría de los estudios científicos sobre cambio climático coinciden en que las acciones de mitigación del calentamiento global -por ejemplo, la reducción de gases de efecto invernadero- podrán prevenir desastres ecológicos, los resultados de esta investigación sugieren que los esfuerzos de mitigación no serán significativos y que aun así ocurrirán los intercambios víricos entre animales con potencial de saltar hacia las personas.

La investigación también prevé que las interacciones entre especies que generen el intercambio potencial de virus, ocurrirán en regiones o ecosistemas con una gran diversidad biológica (zonas que generalmente son de climas templados), pero que, además, tienen una alta densidad de poblaciones humanas (se ponen como ejemplo regiones de Asia o África), por lo que el riesgo de un eventual “salto” de virus animales hacia personas puede aumentar en contextos socioeconómicos determinados, con la posibilidad de convertirse en pandemias como la actual. Es por ello que lo que los sistemas de cuidado y mantenimiento de la salud (ambiental y humana) deben reforzarse urgentemente. Un aspecto adicional muy importante que se ha confirmado ya es que, además de las migraciones animales, la pérdida de diversidad biológica ligada a la pérdida de hábitats por deforestación puede ser un factor extra de aparición de brotes pandémicos: las especies que logran evadir la extinción podrían incorporar virus que antes albergaban las especies que lamentablemente se extinguen.

Como hemos visto en la pandemia por SARSCoV2 y sus efectos globales, resulta esquizofrénico evidenciar que las actividades industriales humanas que ya han provocado el aumento global de la temperatura en más de un grado centígrado, pueden ser la principal fuerza generadora de transmisiones de virus que, a corto plazo, provoca enfermedad, pérdidas económicas y muerte para las mismas sociedades humanas y especies que junto con nosotres, habitan el planeta.