La fotógrafa humanista Nadja Massün recibe homenajes post mortem de la escritora Tamara León, la historiadora Jessica Hubbard Marr

0
687
  • En el Museo Archivo de la Fotografía (MAF) se inauguró la exposición Encuentros Afortunados con 48 imágenes suyas 
  • A ochos días de su partida, la fotógrafa cosecha aplausos, reconocimientos 

OAXACA, Oax. (pagina3.mx).- La fotógrafa humanista Nadja Massün (1963-2022) no se ha ido de este plano. A ocho días de su partida sigue recibiendo homenajes, aplausos, altares y sobre todo, reviviendo encuentros afortunados como el que relata la escritora oaxaqueña Tamara León o la historiadora de la fotografía Jessica Hubbard Marr.

El reconocimiento a la obra de la fotógrafa Nadja Massün (República Democrática del Congo, 1963) se refleja en su libro a manera de antología que se presentó antes de su muerte en el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo en Oaxaca donde documentó el movimiento magisterial y ciudadano acontecido en Oaxaca durante el año 2006.

Y ahora, entre aplausos y minutos de silencio, recibe un homenaje post mortem en el Museo Archivo de la Fotografía (MAF), con la exposición Encuentros Afortunados, cuya muestra comprenden 48 imágenes suyas en blanco y negro, y un video documental.

La escritora y promotora de arte, Tamara León, a manera de homenaje a Nadja Massün y el cariño que le profesa a su familia Bakuza, Justine, Sophie, Clea, Milla, Guillermo, narró sus “muchos encuentros afortunados:

La conocí en el Bar Jardín de la Ciudad de Oaxaca, una mujer de belleza única con ojos tan profundos como el mar del norte. Nadja y Guillermo tomaban el sol acompañados de su bebé Baku; me contaron que regresaron de Europa y se instalarían en San Felipe. Era domingo y se escuchaba el concierto de la Banda de Música de Oaxaca, nos traía bebidas El Chino, un mesero de toda la vida. La tarde se asomaba entre las hojas de los laureles del zócalo, platicamos y reímos. La vida nos esperaba a cada uno.

Compartimos amistad y tiempos de cambios. Ella era una oaxaqueña-francesa- belga-africana. Su papá nos contó cómo nació la bebé: vivían en el Congo belga alejados de la ciudad y una noche comenzaron los síntomas del alumbramiento; por la situación delicada para instaurar la república no había transporte y decidieron salir hacia el hospital más cercano con la ayuda de un burro. Les advirtieron del gran peligro que correrían al salir caminando pues es el hábitat de la mamba negra (es una especie de serpiente extremadamente venenosa), a Lionel no le importó, quería que la pequeña Nadja y su madre fueran atendidas en el hospital. Les tomó una noche de camino. Días después los tres tuvieron que abandonar el país por los disturbios sociales.

Tal vez esa marca de nacimiento la llevó a interesarse tanto en el movimiento magisterial y ciudadano de Oaxaca en el año 2006 al igual que otros de nuestro país. Como fotógrafa estaba en la primera fila de los combates entre la policía y los oaxaqueños, como artista colaboró en diversas publicaciones que se editaron entonces, como mujer participaba en la recolección de alimento para los manifestantes, como amiga divulgó la manera de evitar las barricadas para llegar al Central a bailar y tomar un mezcal.

El Central inició como colectivo y tiene su propia historia, pero ese gran lugar que todos extrañamos no sería sin la influencia de Nadja en la música así como en la ambientación del lugar por Guillermo. Todas las veces que la vi, tenía puesto un hermoso vestido o falda confeccionados por su hermana Sophie, zapatos de diseño único y labios rojos que le daban la imagen de una mujer de algún cuadro de Klimt. Musa nouveau de la que muchos estaban enamorados.

Son pocas las palabras para recordar a Nadja la amiga, la artista y madre, sin embargo, en los primeros días de su ausencia, la tristeza se calmó un poco al ver cuántas personas la queríamos.

Lo mejor de Nadja Massün es lo que vimos en ella: trabajó sola para obtener su propio lugar como artista por su obra fotográfica y depositó todas sus energías para su exposición individual “Encuentros afortunados”, en el Museo Archivo de la Fotografía en la Ciudad de México. Muchas mujeres defendemos nuestra propia visión de la vida y nuestra manera de afianzarnos, cómo lo hizo es lo que nos seguirá uniendo para recordarla. Celebremos su vida y su obra como a ella le gustaba: con risas, bailando y un poquito de mezcal.

La reconocida fotógrafa independiente nominada al Prix Pictet desde 2013, Jessica Hubbard Marr, sintetizó a Nadja Massün como la traductora de imágenes:

En un mundo inundado de imágenes, las fotografías de Nadja son las que recuerdas.

Nos invitan a sentir, pensar, preguntar y cuestionar. También nos invitan a viajar, junto con Nadja, a lugares tanto reales como imaginarios, pasados y presentes, y todos los lugares intermedios.

Antes de conocer a Nadja, también viajé a través de sus imágenes. La primera vez que me encontré con “El Río Bajo el Puente”, me quedé pensando: ¿qué es este universo paralelo, uno con una joven valiente emergiendo de este paisaje amenazador, gris y duro? ¿quién capturó una visión y una narrativa tan originales?

Y luego tuve el encuentro muy afortunado de conocer a Nadja y su hija Justine, la protagonista de esta fotografía, y quien, junto con su hermana Bakuza, son las heroínas de las fotografías de Nadja.

Si bien su fotografía es innegablemente hermosa, es igualmente matizada, compleja y en capas. Nadja tenía un profundo aprecio y amor por la historia de la fotografía, además de la teoría sobre la cultura visual, en particular los escritos de John Berger.

Y a pesar de esta apreciación aguda e implacable por la historia del medio y el trabajo de otros, sus fotografías permanecieron inquebrantables e indiscutiblemente como ella, como Nadja. Qué privilegiados somos de viajar a través de sus imágenes. Nadie tendrá su ojo ni su corazón, ni la capacidad de traducirlo como ella lo hizo.