Abran cárceles y archivos militares, exigen víctimas; memorial para soldados caídos, responde el Ejército

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Frente a representantes del Ejército, en el arranque de actividades de la Comisión para la Verdad de la Guerra Sucia, familias y sobrevivientes reclamaron que no sólo quieren verdad y memoria, también justicia. Sin justicia, dijeron, tampoco podrá haber paz

Texto: Daniela Rea y Alejandro Ruiz | Fotos: María Fernanda Ruíz e Isabel Briseño

CIUDAD DE MÉXICO.- Más de medio siglo esperando este día, que las puertas de las cárceles militares se abrieran para buscar a los detenidos y desaparecidos por el Ejército entre los años 1950 hasta 1990. Más de medio siglo de lucha para que las familias pudieran entrar al mismo lugar donde estuvieron sus madres, padres, hermanos, hermanas, hijas, hijos, luchadores sociales. Más de medio siglo para exigir justicia y reconstruir la historia de represión de la que el Ejército fue el principal responsable.

Aquí, en el Campo MIlitar número uno, la principal cárcel militar de este país, en donde fueron torturados y asesinados opositores políticos, las familias y los sobrevivientes reclamaron fuerte y claro durante el evento protocolario del Inicio de actividades de la Comisión para la Verdad y Justicia por los Hechos 1965-1990: abran cárceles, abran archivos militares, no sólo queremos verdad y memoria, queremos justicia.

Alicia de los Ríos, hija de Alicia de los Ríos Merino, desaparecida por el Ejército el 5 de enero de 1978 lo dijo así:

Después de tantos años de exigirlo este día se abre el gran cuartel. Este día venimos a decirle al país, sin duda de por medio, lo que sucedió aquí: aquí fueron torturados, mutilados, nuestros padres, madres, hermanos, hermanas, hijos e hijas de cientos de mujeres que no dejaron de buscarlos. Aquí fueron desaparecidos y desaparecidas”.

“Presidente: aquí estamos las personas sobrevivientes y los familiares de víctimas de violaciones graves a derechos humanos perpetradas en el pasado reciente. Dimensionamos este acto protocolario como un día histórico y con compromiso asumimos la invitación al diálogo. Reiteramos que buscamos investigación, verdad y justicia”.

“Conózcanos, reconózcanos porque tendremos que coadyuvar juntos en la reconstrucción de lo sucedido en esta su casa. Estamos listos para buscar reconocer las pistas y los lugares usados en diferentes etapas: la cárcel militar, las instalaciones del Segundo Batallón de la Policía Militar, las oficinas de Quiroz Hermosillo cercanas a la puerta 8, de los sótanos, de las mazmorras en las que dividían a hombres y mujeres; del hospital militar en el que convalecieron los heridos por la DFS y Brigada Especial”, dijo Alicia de los Ríos.

Y, recuperando el reclamo histórico de las familias, pidió un compromiso verdadero: la apertura exhaustiva de las cárceles, de los archivos, lugares, de los planos arquitectónicos de este lugar para que se reconstruya lo sucedido aquí, cuando cientos de luchadores sociales y opositores políticos fueron traídos y torturados en esta cárcel militar. Extendió el reclamo histórico de las familias y sobrevivientes: investiguen las cadenas de mando y construyan las condiciones para que los militares den el testimonio de aquellos años de represión.

De los Ríos reclamó a la Fiscalía General de la República ser la gran ausente de este proceso.

Observamos la ausencia de una institución vital para el proceso emprendido, no está la FGR por lo que le solicitamos la gestión para sumar al personal ministerial necesario a estos esfuerzos colectivos porque no habrá verdad sin justicia y sin justicia tampoco podrá haber paz”.

En el evento, presidido por Andrés Manuel López Obrador; Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos; Luis Crescencio Sandoval, titular de la Sedena, entre otras autoridades, habló también Micaela Cabañas, la única hija del guerrillero Lucio Cabañas, quien ante militares, dijo fuerte y claro cómo su padre Lucio Cabañas Barrientos, durante un enfrentamiento con tropas del Ejército se disparó con tal de no caer en manos de soldados, y después de eso el capitán Bravo Torres le dio un tiro de gracia.

“Tras el cerco que perseguía a mi padre en alguna casa del poblado de Tixtla fuimos aprehendidos, todos éramos niños, fuimos llevados a este recinto donde en este momento se hace vergonzoso decirlo pero en aquel tiempo era algo muy normal. Apenas cumplía dos meses de edad el campo militar en ese entonces era considerado el centro clandestino más grande de esa época. Mi madre fue torturada, violada o ultrajada pero me defendía. Dicen que llegaban los militares, me tomaban de un pie y me apuntaban en la cabeza. Mi madre era una adolescente que tenía 14 años. Llegué aquí de dos meses y en algún lugar de este edificio aprendí a caminar, correr y decir mis primeras palabras. En este lugar donde toda la familia Cabañas que nos encontrábamos en la clandestinidad sufrimos tortura física, moral y psicológica y muchas otras violaciones, incluida la sexual porque mi madre salió embarazada del gobernador de ese entonces de Guerrero”.

Por más de 50 años la familia Cabañas ha sido invisibilizada, han querido borrar toda esta historia que tenemos que contar; sin embargo estamos aquí y les decimos: con nada nos van a pagar lo que pasamos y sufrimos, con nada nos van a regresar a nuestros familiares que quedaron a la espera de justicia, se están yendo y no llega la justicia. Tengo fiel confianza en esta nueva Comisión porque sé quienes la dirigen”, agregó Micaela Cabañas.

Alejandro Encinas reconoció que en esta cárcel militar operó la Brigada Blanca y se violaron los derechos humanos de los opositores políticos. Por lo cual se abrirán los cuarteles, no sólo este lugar sino otros como la base aérea de Acapulco y otras instalaciones de Guerrero y Chihuahua. “Que la puerta que hoy se abre, no se vuelva a cerrar”, dijo.

Memorial para soldados caídos

Fue el turno del titular del secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, quien sin responder a los reclamos de las familias y sobrevivientes dijo, como si hablara al espejo, que el Ejército siempre ha sido transparente y defendido los derechos humanos, ha sido cercano al pueblo. Que quienes integran estas filas y portan el uniforme se sienten honrados. Que la memoria histórica, la verdad y la no repetición son derechos que hacen valer.

Las familias de desaparecidos y los sobrevivientes de la represión, presentes en el acto protocolario, reclamaron desde sus lugares el optimista discurso del militar e hicieron valer su lucha: “¿Dónde están los desaparecidos?, ¿Dónde están los desaparecidos?”

Pero Sandoval no sólo no escuchó sino que lanzó una provocación en medio de un evento que buscaba -al menos institucionalmente- reivindicar al Ejército y su colaboración para investigar los crímenes del pasado.

“Aquí están presentes algunos de los militares y familiares que fueron afectados por los hechos ocurridos en aquel entonces. Con orgullo les expreso que el propio mandatario (López Obrador) autorizó a inscribir los nombres de militares fallecidos con motivos de los hechos del pasado en el monumento a los caídos de las Fuerzas Armadas, como un tributo y un sentido homenaje a los soldados que cumplieron con su deber aun a costa de su vida”.

Los reclamos de las familias y sobrevivientes interrumpieron con tal fuerza y rabia que el discurso del militar dejó de escucharse.

“Vivos se los llevaron, vivos los queremos. Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, gritaron desde sus lugares, levantando pancartas en donde se leía “Fiscalía especial para enjuiciar a los perpetradores. No a la impunidad de la Guerra Sucia”.

López Obrador reiteró que estos hechos de represión son cosa del pasado, de regímenes autoritarios y antidemocráticos.

La Constitución se respetaba en la forma y se violaba en el fondo y eso fue lo que llevó a muchos a tomar el camino de la lucha social y la respuesta del Estado fue la represión, el exterminio, el autoritarismo», dijo.

Agregó que “este es un primer paso, pero no queremos que esto quede en la superficie, no queremos la simulación, queremos ir a fondo con la participación de todas y de todos. Que hagamos ese compromiso porque es lo mejor porque eso nos alivia a todos, es un acto de reconciliación nacional que necesitamos, tenemos que conocer la verdad, que haya justicia para que no se repitan actos oprobiosos, para que no vuelva a haber represión, autoritarismo, en nuestro país”.

Casi al cierre de su discurso, López Obrador sorprendió con lo que pareció ser un ambiguo guiño tanto a las familias, como al Ejército.

Cero impunidad, para que podamos todos aclarar, para que honremos la memoria de quienes perdieron la vida, y que lucharon por un ideal o en cumplimiento de un deber”.

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