Inagotable, la lucha de Sol Jarquín por justicia para su hija; ahora va a la ONU

*Este 2 de junio se cumplen cuatro años del artero feminicidio de la fotoperiodista María del Sol Cruz Jarquín. *Su madre, la reconocida periodista Soledad Jarquín lleva cuatro años exigiendo justicia sin que las autoridades cumplan con sus obligaciones. *La ahora también activista irá a denunciar la corrupción del caso de feminicidio de su hija ante la ONU.

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Si la justicia no llega, me tendrán en las calles, no puedo tener paz porque es un crimen que no debió suceder". Imagen: Agencia Estación Foto.
ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ
Un manotazo duro, un golpe helado, /un hachazo invisible y homicida, /un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida, /lloro mi desventura y sus conjuntos/ y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos, /y sin calor de nadie y sin consuelo /voy de mi corazón a mis asuntos.
(Fragmento. Miguel Hernández)
Paulina RÍOS

OAXACA, (pagina3.mx).- Con un duelo inacabado, mezclado con una digna rabia acrecentada por la omisión e inacción de las autoridades de los tres ámbitos de gobierno en México, Soledad Jarquín Edgar cumple mil 460 días exigiendo justicia para su hija.

“No he podido tener realmente un duelo, porque no hay justicia”, lanza acusadora contra el gobernador Alejandro Murat y el presidente Andrés Manuel López Obrador, ante las complicidades que llevaron a cerrar el caso en la Fiscalía.

Desde el 2 de junio de 2018, la periodista oaxaqueña quedó atrapada en vestimentas negras que muy pocas veces deja, pero el artero asesinato de su hija María del Sol Cruz Jarquín agigantó a la activista.

La noticia del feminicidio de su hija -sucedido en la madrugada de ese trágico sábado- la lleva tatuada en el alma, y el calvario que ha enfrentado durante esos 48 meses es como letra escarlata, una ignominia para las autoridades.

“Me han dicho hasta loca por exigir justicia, si creían que iba a irme a mi casa a llorar, se equivocaron; si la justicia no llega me tendrán en las calles siempre”, advierte claramente tras anunciar que realizará una denuncia internacional contra el Estado mexicano.

“Solecita”, como comúnmente conocíamos a María del Sol, fue asesinada la madrugada del 2 de junio en la ciudad de Juchitán de Zaragoza, en la región istmeña junto con la entonces candidata Pamela Zamari Reyes Terán y su chofer Adelfo Guerra Jiménez.

Tras el ataque perpetrado por un grupo armado, las familias de Pamela y Adelfo se llevaron sus cuerpos y dejaron abandonado el de Solecita en la vía pública, donde fue acribillada, frente a un conocido negocio local recreativo.

Fue hasta varias horas después que las autoridades levantaron el cuerpo y se pudo conocer la identidad.

Su madre estaba entonces en un viaje de trabajo cuando se enteró del ataque y buscaba información para hacer la nota. Aun no sabía quién era la comunicadora que también había sido asesinada.

Conforme pasaban las primeras horas de la mañana, el rumor de que la hija de Sol era la otra víctima se confirmó. Cuando ella lo supo, el dolor fue indescriptible.

Decenas de llamadas a su celular solo la confundían más y aumentaban su angustia, esa que se ha prolongado y ahora no la deja dormir más de tres o cuatro horas, por no encontrar la paz de la justicia que le prometió abrazada a su cuerpo inerte.

Volcada en el periodismo de género desde hace más de tres décadas, “retrató” el dolor de cientos de víctimas de feminicidios y desapariciones de mujeres de todo el país y siempre alzó la voz por ellas. Ahora, dolorosamente, es parte de ese grupo.

Soledad Jarquín denuncia corrupción en la investigación sobre el asesinato de su hija.

“Tu cuerpo olía a sangre. Sentí frío, estaba sucio y tú estabas con tierra en tu cuerpo. Te quité con mis manos la tierra de tu cara y ese amasijo que se hizo con la sangre seca, olorosa: lo que no te pude quitar fueron las siete balas incrustadas en tu cuerpo. Eso no pude. Me llené de rabia. Y en ese momento dejé de llorar para abrazarte y decirte que te vayas tranquila, que me dolerá tu ausencia; ya no voy a tener con quién pelear ni discutir, nuestra afición favorita.

“Ya no escucharé tus planes y proyectos siempre grandes, siempre esperando una oportunidad, la misma que hoy ya no tienes frente a la vida. Sí, te voy a extrañar siempre, siempre me harás falta con tus ojos que se querían comer al mundo y que hoy no pude cerrar, parecía que te resistías a dejar de mirar la vida que te arrebataron.”

Esos son los dos primeros párrafos de una carta pública que Sol dedicó a su hija. Palabras que rompen el alma, como ese primer día, hace cuatro años, cuando la mataron, cuando le cambiaron por completo la vida a Soledad y a su familia.

-Sol, por supuesto que el asesinato de tu hija te cambió radicalmente la vida, pero ¿al grado de olvidar a la periodista?

“Lo que pasa es que le dedico menos tiempo. Hay dos factores, por supuesto que hay un impacto en tu estado de ánimo y aunque tengas ganas de hacerlo, no puedes. El mayor impacto lo viví en entre el año 2020 y 2021, cuando murió mi papá.

“Me vino entonces el gran rebote, quizás porque me juntaron la muerte mi hija y de mi hermano en la muerte de mi papá. Fue como una regresión. Había días que planeaba: Voy a entrevistar a…, voy a hacer un reportaje sobre la violencia vicaria, organizaba, planeaba…

“No sabes la cantidad de reportajes que yo planeé, incluso hice muchas entrevistas que nunca escribí, porque simplemente no me daban ganas de trabajar, porque -hoy lo sé-, era una depresión lo que yo tenía.

“Una depresión profunda que no quería ver, yo aparentaba seguir mi vida con cierta normalidad. Entonces había cosas importantes qué cubrir y que no cubría porque tenía algo qué hacer, alguna reunión, alguna audiencia, preparar algo o estar en ese impasse, pero siempre hubo algo qué hacer o me ponía algo qué hacer”, reconoce hasta ahora.

Pese a admitir la depresión que enfrenta, considera que su vida no puede recuperarla aún y, al contrario, se sumerge más por el activismo de lucha contra la impunidad y la injusticia ante la omisión e inacción sistemática gubernamental en el feminicidio de su hija.

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Sigue en la impunidad el feminicidio de María del Sol Cruz Jarquín

“No se recupera la vida y la injusticia no te deja vivir tu duelo, porque tienes que salir a la calle a pedir justicia. Creo que si viviéramos en otro país, donde las cosas se hacen de otra manera, no tendríamos que salir en este peregrinar y tocar puertas día a día.

“Tu vida se transforma. Yo era una mamá con hijas hechas, las tres ya habían terminado sus carreras; yo pensaba en dedicarme a hacer otro tipo de periodismo, incluso tomarme las cosas con más calma después de haber trabajo tan duro para sacarlas adelante.

“Y de pronto te pasa estoy y vas p´atrás y ya no te vas a tu descanso, ya no estás pensando en tu comodidad, en tus proyectos personales, sino en que algo pasó en tu vida y te fuiste a un hoyo profundo y que tienes que ayudar para que las cosas sean y que las cosas no fueron a pesar de las muchas cosas que se hicieron”, comenta brevemente al relatar su calvario.

Los compromisos que le hicieron el gobernador Alejandro Murat, los fiscales de Oaxaca Rubén Vasconcelos y Arturo Peimbert, la entonces Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero; y de decenas de funcionarias y funcionarios menores, tras mil 460 días se convirtieron solo en palabrería.

En estos cuatro años ha habido todas las promesas del mundo, todas las expresiones, y todas se han ido cayendo poquito a poco porque los funcionarios públicos han faltado a su palabra, empezando con el gobernador de Oaxaca y el presidente de México, acusa sin tapujos.

En aquella carta pública de amor, de despedida, a su hija, Jarquín también le dijo:

“Te voy a extrañar con tu irredenta postura, con tu acostumbrado desplante para reírte del mundo, ése que cuestionaste siempre por desigual e injusto. Te van a extrañar porque no habrá más Solecita llevando tortas al hospital civil y pan, de cuando en cuando.

“Te voy a extrañar mi niña, porque una madre sin su hija es vivir con un hueco en el corazón que nada cierra”, escribió entonces.

Ese mismo hueco es el que siente cuando pega carteles en las paredes para demandar la justicia que ni siquiera el presidente de la república ha podido dar, pese a tener todo el poder.

El vacío que lleva dentro se aumenta con cada paso en contrario que el camino de la justicia le da.

-¿Sol, de dónde sacas fuerzas para seguir tan fuerte?, le pregunto tras comentarle que a mí aún se me salen las lágrimas cuando veo la fotografía de Solecita y recordar las bromas que solía hacerme cuando era una niña.

Yo también me pregunto lo mismo, porque a mis hermanas les pasa exactamente lo mismo, hablan de ella y lloran y yo también lloro, pero me aguanto porque tengo ese compromiso, comenta Sol.

Y sin dudarlo afirma que esas fuerzas le vienen de la indignación por la injusticia, pero, sobre todo, de todas las personas que la rodean y la acompañan.

Soledad Jarquín irá a la ONU

¿De dónde saco las fuerzas? De toda esa gente que está a mi alrededor. Efectivamente yo sin el apoyo de la gente estaría perdida, la gente me ha ayudado, me ha orientado, me ha guiado por dónde debo ir, nos hemos equivocado juntas, hemos encontrado algunas respuestas y hemos tenido momentos importantes, pero todas juntas.

Es toda la gente que me está sosteniendo, muchas de ellas que no conocieron a Sol, muchas otras que sí la conocieron, todas están ahí contigo, y dices ¿por qué yo no que soy su madre? ¡Por supuesto que sacas fuerzas!

Y la otra fuerza, continúa, es de mi indignación. Como feminista no me podía dar el lujo de irme a mi casa y encerrarme a llorar y no exigir justicia para mi hija.

“Te vamos a extrañar quienes te conocimos por tu inmensa alegría y por tu trabajo siempre profesional. No le temo a nada desde aquel día que me dijiste quién y cómo eras. Me diste una lección de vida y siempre supe que eras mi maestra.

Con la promesa hecha ante el cuerpo de su hija en aquella fría plancha, Soledad emprende con renovada esperanza nuevas acciones para lograr la justicia.

Este martes 31 de mayo, luego de una manifestación de protesta en la Fiscalía General de Oaxaca (FGO) y en el Palacio de Gobierno, anunció que realizará un viaje internacional para denunciar al Estado mexicano ante la ONU (Organización de las Naciones Unidas), pues el caso ya fue archivado.

“Si la justicia no llega, me tendrán en las calles, no puedo tener paz porque es un crimen que no debió suceder, porque mi hija fue obligada a ir a Juchitán o perdería el trabajo”.

María del Sol era jefa del Departamento de Comunicación Indígena Intercultural de la Secretaría de Asuntos Indígenas (SAI), hoy Secretaría de Pueblos Indígenas y Afromexicanos (SEPIA), y fue a Juchitán a cubrir la campaña del hermano del titular de esta dependencia, aún cuando era un delito.

“Te quiero niña de ojos vivaces y estarás en mi corazón hasta que volvamos a encontrarnos. No te voy a recordar cómo te encontré hoy, llena de tierra y sangre, no. Te recordaré como mi hija inteligente, indignada y amorosa que fuiste. Así te recordaremos tus hermanitas y toda la familia, como el alma de la fiesta que siempre fuiste. Y sí mi niña, tu crimen no quedará impune.

Ese fue el último párrafo de la despedida de Soledad Jarquín ante el cuerpo de María del Sol, quien el 27 de octubre iba a cumplir 28 años de edad y por quien hoy su madre sigue volcada en cuerpo y alma para que su crimen no quede impune y Soledad lleva la vida en ello, en cumplirle la promesa de justicia.