A 980 días de su asesinato, ¿Estela Rojas obtendrá justicia?

Tras un camino sinuoso para buscar justicia, este 4 de agosto inicia la última parte del proceso judicial por el asesinato de Estela Rojas Peña, una mujer que luchaba diariamente por mejorar su vida, pues desde pequeña enfrentaba una enfermedad discapacitante. Bastaba darle un pequeño empujón para inmovilizarla. Esta es su historia.

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Paulina RÍOS

Estela Rojas Peña nació el 15 de noviembre de 1981 en Santa María Huazolotitlán, Jamiltepec, en la región de la Costa, una comunidad ubicada a más de 320 kilómetros de distancia con la capital oaxaqueña.

Era la tercera de cinco hermanas y hermanos, tres hombres y dos mujeres. Creció en el seno de una familia humilde formada por doña Emelia Peña (costurera) y don Alejandro Rojas (carpintero).

Ella era una mujer que desde muy joven tuvo que afrontar sus metas con una enfermedad discapacitante y de la que supo su nombre hasta que tuvo 16 años: artritis reumatoide juvenil.

De pequeña, se tropezaba mucho y sus rodillas eran muy pronunciadas, también le costaba mucho caminar sin caerse, lo que ocurría muy seguido.

Esa situación llevó a que su madre y su padre la llevaran a consulta médica donde le recomendaron plantillas en los pies, luego zapatos especiales y aparatos en las rodillas.

Sin embargo, no mejoraba. Después les informaron que lo que tenía no se quitaba con aparatos ni plantillas, porque lo que padecía era artritis.

Pese a ese incurable padecimiento, Estela era una mujer alegre y tranquila a la que le gustaba bailar.

En la escuela no era una alumna de calificaciones sobresalientes, pero se esforzaba por salir bien y era constante en sus estudios.

Estaba decidida a cumplir sus metas.

Un día, Estela Rojas decidió salir de su natal Huazolotitlán para estudiar la licenciatura.

Ingresó en la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO), donde concluyó sus estudios para desempeñarse más tarde como contadora en algunas empresas privadas y después establecer su propio despacho.

En esa época decide cumplir una meta más en su vida: Ser madre, un anhelado sueño.

Entonces decide embarazarse a pesar de que se colocaba en el nivel de alto riesgo por su enfermedad, y el 26 de marzo de 2010 nació su hija Alejandra.

Poco a poco iba mejorando sus condiciones financieras de vida y las de su familia, venciendo las adversidades que se le presentan, hasta que llegó un aciago día.

El 27 de noviembre de 2019 Estela fue a comer con uno de los clientes de su despacho, al que también conocía desde antes. Fue la última vez que se le vio con vida.

Desde un restaurante del municipio de Santa María del Tule, ubicado en la Zona Metropolitana de Oaxaca, Estela envió mensajes a Elizabeth, su hermana menor, dos referentes a su hija.

Uno para pedirle que fuera a la escuela por Alejandra -de entonces 9 años de edad-, y otro para preguntarle si ya habían comido.

Otros mensajes fueron sobre cobros que tenían que hacer sus trabajadores de una cuenta del cliente con el que comió y que nunca pudieron hacer efectivos, eran más de 200 mil pesos. Es a quien se le acusa de homicidio doloso en contra de Estela: Armando Hilario.

Fueron los últimos mensajes que recibió su hermana.

En entrevista, Elizabeth, hermana menor de Estela, apenas puede contener las lágrimas que brotan a la menor provocación de los dolorosos recuerdos acrecentados por el largo caminar para lograr justicia en Oaxaca.

Recordó que el 27 de noviembre de 2019 fue el último día que supo de ella y que al día siguiente presentaron la denuncia de su desaparición ante la Fiscalía e iniciaron la búsqueda.

Sin embargo, en la madrugada del 29 les avisan que encuentran la camioneta de su hermana abandonada por rumbos del panteón Jardín, ubicado en el municipio de Huayapan.

Y unas horas después localizan el cuerpo de una mujer tirado bajo el puente Paso de Piedra, en Valdeflores, en el municipio de Zimatlán de Álvarez, con golpes en la cabeza. La reconocen como Estela Rojas Peña.

A la par de los trámites para recuperar el cuerpo y preparar su funeral, empiezan las averiguaciones y logran establecer que Armando y su chofer, Joel, están vinculados a la desaparición de Estela y su camioneta, pese a que él les dijo que se habían separado en El Tule.

Las sospechas y los indicios que van encontrado hacen más fuerte la hipótesis de que Armando es el presunto asesino y que fue apoyado por su chofer.

La Fiscalía los cita para conocer sus versiones y no llegan; habían desaparecido.

Hasta este 3 de agosto de 2022 habrán pasado 979 días desde que asesinaron a Estela Rojas Peña y aún no hay justicia para ella.

Y pese a que su cuerpo fue encontrado con huellas de tortura, tirado bajo el puente de piedra de Valdeflores, en el municipio de Zimatlán, Oaxaca; el juzgador determinó que no era un feminicidio y reclasificó el caso como homicidio doloso.

Actualmente y gracias al trabajo de colectivas feministas, se encuentra recluido Armando Hilario, como principal sospechoso del asesinato de la joven contadora de 38 años al momento de ser asesinada.

También Joel, el chofer de Armando, está privado de su libertad acusado de cómplice en este crimen contra Estela Rojas Peña.

Joel fue aprehendido el 7 de octubre de 2020, y Armando el 25 de mayo de 2021, quien fue localizado en Playa del Carmen.

El camino de la familia de Estela para obtener justicia ha sido sinuoso a lo largo de 32 meses; sin embargo, ven un atisbo de esperanza de obtenerla a partir del 4 de agosto próximo, cuando inicie la audiencia del juicio oral, que es la última etapa del proceso judicial.

“Mi hermana no podía defenderse, estaba muy limitada, le costaba trabajo caminar rápido, no podía alzar las manos bien, el cuello no podía girarlo como una persona normal, tenía que girar todo su cuerpo para ver algo. Con solo empujarla la iban a tirar y lastimar mucho”, narró Elizabeth.

La familia, sin apoyo gubernamental

Actualmente Alejandra, la hija de Elizabeth está bajo el cuidado de doña Emelia y de su tía Elizabeth, y aunque ya no pregunta mucho por su mamá, ahora ya sabe cómo murió Estela.

“Fue un momento muy difícil hablar con ella y decirle cómo ocurrió, pero llegó ese momento porque en la escuela había muchos rumores. Alejandra es una niña muy fuerte y muy inteligente y creo que saldrá adelante”, dice Elizabeth, tras señalar que el apoyo psicológico ofrecido por la SMO quedó solo en palabras.

A punto de iniciar la última parte del proceso judicial y con el dolor de la pérdida de su hermana aún a flor de piel, Elizabeth -seis años menor que Estela- pide al Tribunal de Justicia que juzgue con objetividad para con ello darle justicia a su hermana y un poco de consuelo a su familia.

En la actual administración gubernamental que está por fenecer y que encabeza Alejandro Murat, se han contabilizado el asesinato de 670 mujeres y más de mil 800 desaparecidas.