Caminos rurales de Oaxaca: la magia de los herederos de Monte Albán

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En enero del 2020, se inauguró en San Antonio Sinicahua, en la Mixteca Alta, el primer camino de uno de los programas estelares del gobierno federal. El presidente Andrés Manuel López Obrador atribuyó el éxito del programa a las costumbres ancestrales de los pueblos, como el Tequio y su sistema político que se rige por asambleas comunitarias.

Texto: Reyna Haydeé Ramírez | Fotografías: Duilio Rodríguez

OAXACA.- En México hay caminos rurales que son tan abruptos, angostos, pedregosos, sinuosos, empinados, lodosos, peligrosos; y por siglos han sido el acceso a comunidades indígenas asentadas en los lugares más recónditos del país.

En Oaxaca, algunos son tan empinados que cuando vas subiendo por segundos sólo ves el cielo, el vehículo derrapa y llega la sensación de que caerá al vacío, como el camino de Santos Reyes Pápalo en la región Cañada al norte del estado.

Otros son transitables sólo con camionetas de doble tracción, en burro o a pie, y si es tiempo de lluvias de ninguna manera, por el lodo, las avenidas de agua y los ríos crecidos.

Datos de 2020 del Coneval, ubican a Oaxaca, Guerrero y Chiapas como los tres estados de México donde el 80 por ciento de la población vive en comunidades de bajo y muy bajo Grado de Accesibilidad a Carretera Pavimentada (GACP).

También en el noroeste de México están las localidades con muy baja accesibilidad y se ubican en la sierra y el desierto, principalmente en la región donde confluyen Sonora, Chihuahua, Sinaloa y Durango. Además de Baja California Sur.

Particularmente en Oaxaca hay 10 mil 723 localidades, de las cuales 5 mil 302 tienen baja accesibilidad y 333 muy baja. Prácticamente la mitad. Ahí habitan cerca de 900 mil personas, una cuarta parte de la población estatal de 4 millones 132 mil 148 habitantes. La mayor parte comunidades indígenas y es en algunas de ellas que desde 2019 empezaron a pavimentarse los accesos a cabeceras municipales.

San Antonio Sinicagua, Santos Reyes Pápalo, SantosValerio Trujano, Santos Reyes Yucuna, Santa María Yucuhiti, San Mateo Tlapiltepec, son municipios que por décadas esperaron tener un camino pavimentado. Ahora están entre los 96 municipios de Oaxaca con accesos de concreto hidráulico construidos por sus propios habitantes.

Caminos hacia la pobreza y abandono

Indígenas oaxaqueños coinciden en que muchos de sus caminos de terracería fueron abiertos siglos atrás, a golpe de huida; y no dudan que la tierra, las montañas, que pusieron de por medio haya contribuido a confinarlos, por décadas, a la pobreza y el abandono gubernamental.

¿Cómo llegaron estas comunidades a poblar las montañas y cañadas en Oaxaca? Primero buscando salvar la vida de la persecución española y de los caciques, pero todavía al día de hoy les representa un alto costo de esfuerzo, precariedad y pobreza.

Santa María Yucuhiti en el distrito de Tlaxiaco, al noroeste de Oaxaca, es un pueblo ubicado en una montaña a mil 720 metros sobre el nivel del mar, Mariano Ortiz López, presidente municipal suplente, cuenta la historia que sus ancestros les transmitieron de voz en voz.

“Nosotros estamos aquí desde 1325. Todo era de nosotros, desde la cañada, nuestros tatarabuelos dicen que había más seguridad en lo alto, vinieron los invasores, luego los mestizos, los hacendados, eran gente de dinero y de la política, pues mandaban traer al ejército y le echaban el ejército a nuestra gente y mejor la gente decidió subirse a la montaña”, recordó.

No fueron los únicos, advirtió, a otros pueblos oaxaqueños les pasó lo mismo.

Se quedaron con las mejores tierras, los terratenientes, los latifundistas, quedaron donde había cantidad de agua, llanuras, lugares planos, tenían el río, sembraban caña, milpa, tenían montón de esclavos, tenían armamento.

“Nosotros mejor nos refundimos en la montaña, ahí hay cuevas, ¿quién va a subir ahí?, no le entran, tiran la bala, no llega. Así fue la historia de muchos indígenas”, contó Mariano.

 

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