Dardos desinformadores están apuntando a las comunidades latinas en EEUU

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Por Laura Zommer | Lucha contra la desinformación

Hay dardos desinformadores que están apuntando directo a la población latina en EE.UU. y venimos por ellos, ¿nos ayudas?

Sesenta millones de latinos y latinas viven en Estados Unidos (EE.UU.). Son el 18,5% de la población estadounidense. Sin embargo, los hispanos y latinos afectados por COVID-19 en ese país ascienden a 24,8%, según datos de los CDC (Centers for Disease Control and Prevention) de julio de 2022. ¿La desinformación en español -que circuló casi sin anticuerpos ni estrategias para contrarrestarla- contribuyó a la alta incidencia de contagios en la pandemia en estas comunidades? ¿Jugó algún papel que se informen mucho más que los blancos en redes sociales, como YouTube y Facebook, y canales de mensajería, como WhatsApp, porque no se sienten suficientemente representados y confían menos en los medios de comunicación tradicionales? Sabemos sobre este fenómeno menos de lo que nos gustaría. Lamentablemente casi no hay investigaciones sobre las narrativas desinformantes que afectan a las comunidades latinas que viven en EE.UU. ni sobre su impacto.

Uno de los objetivos de Factchequeado, el proyecto contra la desinformación en español que afecta a latinos y latinas que viven en EE.UU. que lanzamos en abril último Maldita.es de España y Chequeado de Argentina, es justamente recolectar evidencia sobre este fenómeno: identificar las narrativas desinformantes targeteadas para estas comunidades, analizar sus características distintivas y develar cómo circulan las mentiras que afectan a las múltiples comunidades latinas. Sabemos que teorías conspirativas y algunos mensajes falsos, exagerados o sacados de contexto que se originan en EE. UU. viajan a distintos países hispanohablantes y también ocurre que contenidos fabricados en México, Colombia, Brasil, España o Argentina llegan a veces a los y las latinas vía sus familiares, amigos o contactos de redes sociales o WhatsApp.

A continuación, te contamos lo que encontramos en los primeros cuatro meses de Factchequeado monitoreando la desinformación en español en el país que gobierna el demócrata Joe Biden y que tendrá elecciones de medio término el 8 de noviembre próximo, lo que seguro hará más intenso el debate público y alimentará las usinas de engaños.

Por supuesto, algunas narrativas desinformantes que reciben los y las latinas coinciden con las que circulan en inglés. Es el caso de la llamada «gran mentira», que tiene al expresidente Donald Trump como impulsor y que consiste en denunciar fraude en las elecciones de 2020 pese a que 63 de las 64 denuncias de irregularidades en los comicios presentadas por el Partido Republicano fueron rechazadas en distintas Cortes del país y el único proceso judicial en que un tribunal le dio la razón al equipo de Trump tampoco supone que haya habido fraude. También se encuentran en ambos idiomas los contenidos, especialmente videos, que ridiculizan al presidente Biden y lo muestran como alguien demasiado mayor (tiene 79 años) para aspirar a la reelección.

Lo mismo ocurre con la abundante desinformación sobre las vacunas contra el COVID-19, que sigue circulando aun cuando ya pasó más de un año y medio desde el inicio de la vacunación. Hay contenidos de la llamada por los desinformadores «repentitis» (muertes provocadas por diversas causas que se asocian con la vacunación contra el coronavirus sin que haya evidencia) y de falsos efectos adversos de la inoculación, que muchas veces confunden o asustan a la gente.

Los y las latinas están menos protegidos frente a la desinformación, como advirtió la periodista brasilera y directora senior de programas de ICFJ Cristina Tardáguila en una nota publicada en elDetector de Univision. Las llamadas big techs le prestan mucha menos atención a los contenidos en idiomas distintos al inglés y, según el estudio de la consultora Nielsen de 2020, casi todos los adultos hispanos (98%) tienen un smartphone (5% más que los blancos, los negros y el total de la población) y pasan en promedio dos horas más conectados que el total de los habitantes de EE. UU. Para colmo, aunque tienen más interés en mantenerse informados y dicen estar dispuestos a obtener información verificada, tienen un 57% más de probabilidad que los ciudadanos no latinos de usar las redes sociales como fuente primaria de información. Pero,  ¿qué es lo propio de la desinformación en español además de su particular forma de circulación?

Las narrativas desinformantes que se repiten en estas comunidades y, estimamos, se propagarán aún más a medida que se acerquen los comicios, se vinculan con algunos temas que preocupan especialmente a los y las latinas y que, en ciertos casos, tienen particular significado para estas audiencias por la memoria del impacto que tienen o tuvieron en sus países de origen.

El aumento de precios de la gasolina y la inflación en general, que en junio último alcanzó en EE. UU. su nivel más alto en 40 años (9,1%), recuerda a muchas familias latinoamericanas los altísimos índices de precios asociados con el aumento de la pobreza en sus países. El miedo pareciera un componente central en estos contenidos, que circulan sin contexto y generalmente omiten tanto el impacto de la guerra de Ucrania como de la pandemia a la hora de analizar la evolución de los precios. Por eso, hay contenidos desinformantes tanto sobre las causas del fenómeno sobre las políticas adoptadas por el gobierno demócrata para frenar la subida de precios.