Guardianes de la memoria de Macuiltianguis rescatan su medicina tradicional y su cultura ancestral

*Su medicina cura el cuerpo y hasta el alma. *En un ambiente festivo esta comunidad zapoteca presentó su catálogo impreso “Plantas que sanan”. *La UABJO proporcionó su asesoría científica y sociológica.

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Pedro MATÍAS / Texto y fotos

MACUILTIANGUIS, Oax. (pagina3.mx).- Manos surcadas por el trabajo y el tiempo sostienen las plantas que sanan. Es medicina pura que cura el cuerpo y hasta el alma.

Se obtiene de la madre naturaleza bajo el cobijo del misticismo de quienes son guardianes de la memoria: médicos y médicas tradicionales del pueblo zapoteco de San Pablo Macuiltianguis.

Ka kuana runkaye rebetse’ la’riu (plantas que sanan, en zapoteco) es la expresión de la resistencia cultural de este pueblo originario asentado en la Sierra Juárez de Oaxaca frente a los embates del extractivismo cultural y de un sistema que avasalla el conocimiento ancestral.

Plantas que sanan es un proyecto comunitario que se materializó en un catálogo del sistema de salud que contribuye al rescate, preservación y revitalización del uso de la medicina tradicional ancestral de los pueblos indígenas.

Plantas medicinales de Tagayu’ (Macuiltianguis), por mis venas corren con frenesí tus mágicas y milagrosas propiedades, sanando mi alma y espíritu zapoteco; conocimiento ancestral, tu esencia hace que mi alma indígena nunca muera”, es el pensamiento que sintetiza este catálogo que fue presentado ante la comunidad en medio de una fiesta.

Los médicos y médicas tradicionales conocidos como guardianes de la memoria recolectan las plantas de sanación no sin antes pedir permiso a la tierra, a la naturaleza, así como cuando hacen los cortes para transformarlos en medicamentos, en sanación.

“Es la compartencia del saber, del conocimiento de las y los guardianes de la memoria que fortalece nuestras raíces, nuestra cultura y nuestra identidad como un pueblo zapoteco”, abundó el historiador y cronista de la comunidad, Sergio Hugo Castillo Pérez.

“Para nosotros -este documento de 94 páginas- es el resguardo de la memoria pasada, pero sobre todo es memoria viva porque quiere decir que los conocimientos que nos heredaron nuestros ancestros respecto a diferentes manifestaciones culturales, historia, tradiciones y sobre la medicina tradicional, heredados de generación en generación, se convertirán en memoria para el futuro”.

“Esa memoria, afortunadamente sigue conservándose con los médicos tradicionales que participaron en la elaboración de este catálogo, pero además se vuelve una memoria actual y memoria para el futuro porque sin duda, ese conocimiento que tienen los médicos tradicionales nos los están transmitiendo a nuevas generaciones y ese es nuestro interés en este proceso”, añadió.

Considera que “el hecho de que estemos trabajando este rescate cultural en lengua madre, en medicina tradicional, en usos y costumbres, tiene un valor importantísimo para hacer frente a los grandes retos que nos enfrentamos y a las grandes adversidades que avasallan el conocimiento ancestral y tradicional”.

“Estas expresiones de cultura se convierten en fortalecimiento de la vida comunitaria frente a esos proceso de modernización que están destruyendo estas raíces de donde se sustenta la vida de los pueblos originarios”, remató.

Apoyo de la UABJO

El catálogo contó con el apoyo comunitario de las autoridades municipales, de personas migrantes y de radicadas en Macuiltianguis, de las asesorías científica y social de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO), así como del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI).

Para el director del Instituto de Investigaciones Sociológicas de la UABJO, Heriberto Ruiz Ponce, resaltó que “sin tener grados de doctorados o de maestrías específicas aquí el conocimiento está configurado en la lengua originaria que ha resistido tantos milenios a pesar del coloniaje, es como el disco duro colectivo donde se ha preservado tanta información tan valiosa”.

Explicó que la UABJO tuvo contacto con Macuiltianguis hace 3 años a través de los trabajos que han realizado los investigadores en términos biológicos y los especialistas de la universidad y junto con la comunidad con el grupo cultural Tagayu’, para recuperar las medicinas tradicionales de la comunidad, ubicada a 120 kilómetros de la capital de Oaxaca.

El proyecto fue largo y nada fácil porque les interesaba recuperar el conocimiento de las plantas pero además tener los nombres en zapoteco, aunado a que se realizó en tiempos de la pandemia de Covid-19.

Mencionó que aunque hay unas experiencias interesantes en Veracruz, Hidalgo, Querétaro y Sinaloa, aquí la diferencia es que el catálogo de Macuiltianguis se formó a través de un proyecto colaborativo de la comunidad y sus migrantes a quienes les interesa recuperar el conocimiento de las mujeres y hombres mayores del pueblo.

La UABJO lo que ha hecho es acompañarles desde el punto de vista biológico, como en la parte sociológica para impulsar la reconfiguración del tejido social, sobre todo, para preparar la trasferencia del conocimiento.

Aquí se juntaron varios esfuerzos tanto de la academia como de la comunidad y del gobierno federal, a través del INPI para la publicación.

El doctor en estudios iberoamericanos recuerda que este proyecto se realizó en tiempo de la pandemia y como Macuiltianguis tiene una larga tradición de organización interna, la comunidad misma tenía controles sanitarios.

A distancia había talleres internos y externos, se hicieron recorridos de campo, a las partes altas, a las zonas de agua, al lado de las veredas o en las márgenes de los riachuelos.

En los talleres surgió una pregunta del extractivismo cultural como ha sucedido con los tejidos y las ropa de los pueblos originarios.

Mencionaron que una de las fases y resistencias contra quienes tienen una visión colonial de hacer negocios es iniciar una defensa efectiva, incluso legal, en instancias internacionales, de los que se tiene pero primero es identificarlo  y darle su justo valor cultural y social, como lo es la medicina tradicional.

“Lo que hizo la Universidad fue ayudar a sistematizar el proceso, colocar, darle forma, pero la elección de cada uno de los detalles fue con esmero de los médicos y médicas, fotografías, colocación de comentarios, la utilidad de las plantas y eso lo hace específico”.

Mencionó que además se crea una red de defensa y mucha conexión con las personas migrantes, quienes impulsaron desde los Estados Unidos el proyecto porque les interesa la reproducción para hacer la transferencia del conocimiento intergeneracional.

“Ellos están pensando en jóvenes y niños para hacerles la transferencia en nombres originarios del zapoteco, el castellano, el uso, el tratamiento y el respeto de acceso a las plantas”.

Explicó que Macuiltianguis tiene por lo menos mil 500 años de vida humana y está asentado en lo fue conocido como la Anáhuac que tiene por lo menos de 6 mil a 10 mil años.

“Ellos mismos están haciendo un gran esfuerzo para reintegrar su tejido social no solo con las personas que están vivas, sino que están tenido una visión a largo plazo, de quien siembra, de quien trabaja con las plantas y preserva información escrita y oral”.

Entonces, agregó, “están pensando en las próximas generaciones, lo cual a mi me parece lo más generoso que puede existir, porque no es una idea subjetiva o individual sino que están pensando básicamente en la preservación del conocimiento para las próximas generaciones incluso para los que no han nacido, creo que es la importancia social mas importante de estos trabajos”.

A su vez, el investigador de la Escuela de Ciencias del laboratorio de Biodiversidad y director de Investigación de la UABJO, Ricardo Balam Narváez, sostiene que “Oaxaca siempre ha sido uno de los focos de atención de los biólogos, sobre todo por la alta biodiversidad.

“Mi formación como investigador se enfoca principalmente en el conocimiento de la flora y actualmente estamos trabajando una línea de investigación llamada etnobiología, es decir, recuperar el conocimiento tradicional de las plantas medicinales.

“El venirme a Oaxaca, hace 10 años, fue un reto porque era muy nuevo el comprender la flora local, sobre todo, porque es el primer lugar en biodiversidad de flora y son muchas las plantas que son consideradas de uso medicinal.

“Aquí estábamos documentando 140 especies; sin embargo, en el catálogo decidimos poner 80. La razón es que muchas de esas plantas tenían un nombre en zapoteco y otras todavía no habían sido asimiladas”.

De hecho, explicó, este trabajo es muy relevante porque recapitula dos aspectos importantes de la cultura, uno que es el lenguaje en lengua zapoteca y, la segunda, el uso de los recursos naturales, conocimiento que ha sido heredado a los largo de cientos de años.

Este catálogo documenta a 80 especies que tiene un nombre en zapoteco, un nombre científico y nombre común.

Aunado a eso, tiene un recetario, las cantidades, cómo se usa y para qué enfermedad o tratamiento se puede usar.

Cabe recalcar que este trabajo se tiene que utilizar con cuidado porque solamente estamos documentando lo que se conoce; sin embargo, es importante acercarse con las médicos tradicionales para las dosificaciones o el tratamiento porque tiene que haber un diagnóstico.

“Algo interesante de este catálogo es que el 80% de las plantas son nativas de este lugar y un 20 % son introducidas, contrario a otras regiones que hemos documentado.

“Encontramos un par de especies que son endémicas; es decir, que solamente se encuentran en esta región y nos sorprende cómo los médicos tradicionales lo han sabido conservar, no solamente en un uso racional sino que han sabido perpetuar este acervo genético a lo largo de cientos de años”.

“Creo que aquí el catálogo -más que una lista de plantas- recapitula este conocimiento que se estaba perdiendo. Solamente lo tenían unas cuantas personas y ahorita este conocimiento puede ser perpetuado transmitiendo a las siguientes generaciones”.

Hizo énfasis de que la medicina tradicional sirvió en tiempos de pandemia porque las comunidades hacen uso de muchas plantas que contribuyen a los sistemas respiratorio y broncopulmonares.

Finalmente, el biólogo nacido en Yucatán y radicado en Oaxaca desde hace una década se siente satisfecho de contribuir de manera desinteresada a las comunidades, a dar su trabajo como tequio o como Guelaguetza.