Danii Idoo. Tragedia socioambiental

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Víctor Leonel Juan Martínez

En cinco días, un voraz incendio devastó un importante reducto de la biodiversidad:  Danii Idoo” (Cerro Iglesia en zapoteco) de Villa Díaz Ordaz y “La Candoo Cruz” en la Villa de Mitla, Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación en Oaxaca. Miles de hectáreas fueron consumidas por el fuego.

En 2017, la comunidad zapoteca de Villa Díaz Ordaz obtuvo el primer lugar del Reconocimiento a la Conservación de la Naturaleza.

Y es que en su territorio se pasean (o paseaban) lo mismo venados cola blanca, búhos, liebres, que cinco de las seis especies de felinos que existen en el continente americano: jaguares, pumas, linces, tigrillos y yaguarundis; “sólo nos falta el ocelote”, decían con orgullo los comuneros zapotecas.

Hay gran diversidad de flora y especies endémicas; fauna en peligro de extinción, dos lagos (uno en Danii Idoo, otro en La Candoo).

Aún más. Estas áreas forman parte de un corredor integrado por las comunidades agrarias de Villa Díaz Ordaz, Yagul, Unión Zapata y Mitla.

El corredor es el pulmón más importante del Valle de Tlacolula y uno de los más preciados de los Valles Centrales de Oaxaca.

También es uno de los más importantes espacios de conservación de nuestra biodiversidad, tan apreciada en estos tiempos de cambio climático. Este hábitat de capital importancia ecológica fue devastado.

Todavía más. El corredor referido es también Patrimonio de la Humanidad, declarado por la UNESCO en 2010, pues esta zona es centro de origen y domesticación del maíz; hay gran riqueza arqueológica y vestigios de la presencia del pueblo zapoteca en la época prehispánica.

Y hay más. Si se ha logrado conservar esa biodiversidad, cuidar el bosque, su flora y su fauna, es gracias a la presencia de comunidades cuya identidad cultural no se explica sin la Madre Tierra, como la consideran y se relacionan con ella.

Hombres y mujeres han dado buena parte de su vida andando esas veredas; gestionando en oficinas; recorriendo la montaña; impidiendo la caza furtiva.

Son zapotecas contemporáneos quienes han cuidado de ese bosque y quienes ahora dieron una ardua lucha contra el fuego durante días, con la guelaguetza siempre importante de otras comunidades y la presencia de algunos brigadistas de dependencias gubernamentales.

Ante la impotencia de ver cómo el fuego consumía su bosque, la Asamblea determinó el 10 de mayo bloquear la carretera federal para presionar el envío de la anhelada y necesaria presencia gubernamental: un helicóptero, brigadas especializadas, insumos.

Por supuesto, eso es politizar una necesidad: la defensa de la biodiversidad.

Pero lo es en el mejor sentido del ejercicio de la política: la búsqueda del bien común y la realización de acciones para garantizarlo.

Sin embargo, en la grilla oaxaqueña se confunden conceptos y politizar se emplea para descalificar las movilizaciones o como sinónimo de partidizar; lo que resulta más redituable en tiempos de campañas electorales para cubrir omisiones, evadir responsabilidades o endilgarlas a otros.

Producto o no de esta movilización, hasta el sábado llegaron brigadas del Ejército mexicano a Díaz Ordaz.

El domingo se sumaron dos helicópteros (del Ejército y de la Armada de México), uno en Mitla y otro en Díaz Ordaz.

“Por fin llegó el helicóptero, no sé si agradecer, llorar o maldecir”, es el sentimiento que aflora entre quienes no han cesado en el combate al fuego, que al 14 de mayo persiste.

¿Qué tiene que suceder para dimensionar que estos hechos son una tragedia?

 

¿Qué pasará con la flora y fauna que pudo haberse salvado?

 

¿Cuándo y cómo iniciar la restauración?

 

¿Y las afectaciones al tejido social?

 

¿Y la atención inmediata a la población?

En estos momentos se requiere al menos de una brigada médica que atienda a quienes han estado combatiendo al fuego y a grupos en condiciones de vulnerabilidad.

En Díaz Ordaz el fuego quemó los ductos que llevan el agua a la población.

En lo que se apaga el incendio, se evalúan los daños, se gestionan los recursos y se repara, habrá escasez del vital líquido.

Algunas lecciones han salido de la ola de incendios en Oaxaca, pues lamentablemente Danii Idoo no es un caso aislado, antes estuvo San Lucas Quiaviní y ahora mismo están activos varios incendios.

  1. La solidaridad inter e intracomunitarias, que salen con arrojo a defender a la Madre Tierra.
  2. La precariedad en los insumos y herramientas de quienes más con voluntad que con una formación para esas emergencias se arriesgan para salvar sus bosques.
  3. La tardía respuesta gubernamental, que esperan a que los incendios sean incontrolables para actuar, en parte también por el desmantelamiento de las áreas encargadas de estos temas.
  4. La ausencia de una política ambiental que conlleva que estas tragedias se reduzcan a estadísticas o se conviertan en peleas político-electorales.

Para las comunidades indígenas, cuidar el territorio es cuidar de la Madre Tierra, la que nos da la vida y nos provee lo necesario para vivirla:

“Cuidamos nuestro territorio y todo lo que lo integra porque es la herencia que nos dejaron nuestras ancestras y ancestros, es el legado para las generaciones futuras que fortalece la vida en comunidad” (Encuentro de mujeres chontales por la tierra y el territorio).

Es el camino a seguir.