Architecton: un muy cinematográfico llamado a respetar la naturaleza, que se presentará en el FICUNAM 14

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Lalo Aragón

Este jueves 13 de junio inicia la 14 edición del Festival Internacional de Cine de la UNAM (FICUNAM), dentro de la selección de películas internacionales a proyectar en el marco de este festival, se encuentra Architecton, una película del director ruso Viktor Kossakovsky, que se estrenó a nivel mundial en la 74 edición del Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale).

Desde que el ser humano descubrió la perniciosa noción de propiedad (madre de todas nuestras tragedias) —estamos hablando, quizás, de la época en la que dejó de ser un nómada recolector primitivo, a lo mejor desde antes—, ha enfocado todas sus fuerzas, capacidades y talentos, que le dan cierta ventaja sobre los demás seres de la Tierra, en destruir el mundo en el que vivimos.

Con la noción de propiedad, el ser humano construyó la falsa creencia de que la naturaleza le pertenece, alguien le dijo que sólo tenía que dominarla, que el dominio le daba el derecho de propiedad, un derecho, que contrario a lo que los burgueses franceses pensaban, no es connatural a la persona.

El gran negocio hoy en día, es decir, el negocio más redituable, está en la industria de la construcción y el sector inmobiliario. Por ello, no faltan empresas de todos los tamaños que buscan volverse millonarias desarrollando complejos inmobiliarios de todo tipo, de acuerdo con el capital del que disponen y las posibilidades (políticas y de infraestructura) de cada “desarrollador” (como se hacen llamar). Qué paradójico resulta que a los principales destructores de la naturaleza se les llama desarrolladores. Las trampas del lenguaje.

También desde pequeños nos han enseñado que la mejor señal de desarrollo y progreso es el cemento. Pobre de aquel pueblo o comunidad que continúe utilizando sus formas tradicionales de construcción, que no utiliza el cemento, porque los “modernos” e “ilustrados” dirán que es un pueblo sumergido en el atraso y la precariedad.

La ciudad ideal es la que tiene más cemento en sus entrañas y en sus exteriores. Nueva York, por ejemplo, la ciudad ideal para muchos enajenados por el Capital, símbolo del desarrollo y la modernidad, capital del sueño americano; en sus aproximados 777 kilómetros cuadrados de extensión, se han utilizado para su “monumental” construcción, más o menos, 762 millones de toneladas de concreto, vidrio y acero. Casi un millón de toneladas por kilómetro cuadrado. Nueva York se está hundiendo.

Estados Unidos, aparente sede del bienestar y el progreso, consume en promedio más de 100 millones de toneladas de cemento al año. Solamente en 2023 se estima que se consumieron 120 millones de toneladas métricas de cemento.

El impacto medioambiental de la industria cementera es terrible en diferentes momentos: desde la extracción de las materias primas que se requieren para su fabricación, pasando por el propio proceso de producción, hasta su implementación o destino final. Allí donde se construye con cemento, allí donde no volverá a nacer y muchos menos crecer nada, nunca.

El cemento mata todo, se posa encima de la tierra fértil y la vegetación para aplastar y asesinar, además, imposibilita el resurgimiento de la vida; y por una o dos macetas que pongan en su casa de cemento no remedian el daño.

Para la fabricación del concreto se requieren extraer materias primas de la naturaleza virgen, por lo que hay que destruir montañas y ríos para tener cemento. El director de Architecton, dijo, en la rueda de prensa después de la premier de su documental, en la pasada edición del Berlinale, que, “sin querer hacer un escándalo en Berlín”, mientras se estaba llevando a cabo aquella rueda de prensa, se estaba acabando con 700 montañas: “In the moment we speak now, in the moment we speak now, 700 mountains dissapearing…

La producción de cemento genera el 8% de las emisiones globales de CO2, debido al uso de combustibles fósiles y a las reacciones químicas que se presentan en su fabricación. El cemento también causa daños irreversibles a la biodiversidad y el paisaje en su disposición final; por ejemplo: impermeabiliza el suelo, es decir, nulifica su capacidad de absorber y retener el agua, lo que genera problemas de erosión, inundaciones (por falta de filtración), sequías y contaminación del agua.

Ahora que la gente se queja de las altas temperaturas que se están dando en todo el país, sepan que el cemento altera el clima local y global en las ciudades, esto es debido a la emisión de gases de efecto invernadero y al fenómeno conocido como “isla de calor urbano”, que se refiere al aumento de la temperatura en las zonas urbanas respecto de las rurales, por la absorción y emisión de calor de superficies artificiales como el asfalto o el hormigón. El cemento es como un espejo que potencializa el poder del sol.

Incluso, la utilización de cemento puedo llegar a afectar el patrimonio cultural de las ciudades al destruir o modificar, con su implementación, lugares históricos o arqueológicos, destruir la estética urbanística o rural tradicional de las ciudades o pueblos, de los paisajes naturales y de los ecosistemas. No olvidemos que hasta hace poco se quería construir un aeropuerto sobre un lago en nombre de la modernidad y el progreso.

Estos efectos devastadores son conocidos y estudiados por expertos e investigadores en diversas ramas de las ciencias desde hace mucho tiempo. La conclusión es clara: seguir construyendo con cemento es insostenible, pero: ¿Por qué no sabemos nada o muy poco al respecto? ¿Por qué seguimos construyendo con estos materiales tan nocivos para la vida en general? La respuesta es muy simple, porque es un gran negocio para grandes empresas muy poderosas, porque es bueno para el Mercado y lo que es bueno para el Mercado es bueno para todos.

Este tema, es el que aborda, sin tanta claridad como se expone en párrafos anteriores, Architecton, el fabuloso documental del director ruso Viktor Kossakovsky. La película fue estrenada a nivel mundial el pasado 19 de febrero en el Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale) con gran éxito; y para la alegría de los habitantes de la ciudad de México, será proyectada en la 14 edición del Festival Internacional de cine de la UNAM (FICUNAM 14) dentro de la interesante Sección Atlas, la primera función de esta película está programada para el sábado 15 de junio a las 16:30 horas en la Sala Covarrubias en la Ciudad Universitaria de la CDMX.

Las imágenes y la fotografía en Architecton son simplemente impresionantes, imponentes. Muy pronto el espectador se verá sumergido en escenas prácticamente inmersivas, que muestran procesos antiguos, pasados y presentes de destrucción de la naturaleza y de destrucción de obras arquitectónicas también; así como, bellas postales de la naturaleza que sobrevive todavía a la mano del hombre. Nadie quedará indiferente ante el despliegue de estas imágenes.

El manejo de la cámara es sobresaliente, ya sea desde un dron para realizar tomas aéreas panorámicas en movimiento espectaculares, o desde primeros planos cerrados que se van abriendo con cámaras fijas o en movimiento. Sin duda este es el gran valor del filme y que lo hace merecedor de toda nuestra atención.

El uso de la cámara lenta y del sonido en determinadas situaciones en la película es, sin duda, un ejemplo magistral de cómo utilizar estos recursos, no sólo con propósitos estéticos, que los logra de manera contundente, sino que también histriónicos e inmersivos.

Esta impresionante construcción visual viene acompañada de una banda sonora ideal para la inmersión pretendida o no, a la que hacemos referencia. La combinación de la obra auditiva con la visual tienen una afinidad y cohesión armónica extraordinaria. La música seleccionada y ejecutada maravillosamente es la más adecuada para la experiencia en la que nos quiere introducir el director. Esta banda sonora se encuentra a cargo de Evgueni Galperine, y se encuentra recopilada en el álbum que lleva por nombre Theory of becoming.

Kossakovsky no suele dar muchas pistas de lo que estamos viviendo o hacía dónde nos quiere dirigir en sus piezas cinematográficas. Architecthon no es la excepción, cuenta con los diálogos justos, mucho menos existen explicaciones u orientaciones escritas o hablados como suele suceder en un documental convencional.

El director quiere que sus imágenes lo digan todo, por lo que es muy probable que el espectador no sabrá lo que está viendo, es decir, frente a que lugares se encuentra. Lugares que van desde unas ruinas en alguna parte de medio oriente, hasta una urbanización destruida como consecuencia de la guerra que mantienen Estados Unidos y Rusia en territorio ucraniano. Pasando por explosiones de rocas y montañas magistralmente capturadas.

Pero el propio Viktor confiesa que en esta ocasión trató de hacer una excepción a su propia regla no escrita de decir lo menos y dejar al espectador a su libre interpretación de las imágenes, y, hacía el final de la película, aparece él mismo en un pequeño diálogo con el arquitecto italiano Michele de Lucchi, que podríamos decir que es el protagonista de la película.

En esta conversación tratan de acotar el planteamiento del problema e introducirnos a alguna posible solución. El director dijo que el asunto le parece tan importante que decidió hacer esta intervención en su propia película, y excepción a su regla de no dar explicaciones, para acercar al espectador un poco más con la situación que se expone.

Al arquitecto De Lucchi lo veremos, en el transcurso del filme, en plena rebelión frente a la modernidad avasalladora de la razón y la vida, tratando de hacer lo que parece una construcción primitiva en el jardín de su casa; bajo la lluvia y el aguanieve, que no sabremos a ciencia cierta de que se trata (la construcción), solo hasta el final de la película. El mensaje está claro, ha quedado escrito sobre piedra y lleva la firma de Kossakovsky y De Lucchi, dependerá del espectador si quiere tomar cartas en el asunto.

No sólo por el mensaje, aunque abstracto, fundamental que lleva la película, que nos invitará a la reflexión honesta, sino también por la maestría puramente audiovisual con la que es realizada, considero un gran acierto por parte de los programadores de FICUNAM 14, acercar al público mexicano a esta obra cinematográfica. Cine puro y duro sin rodeos.