La imaginé sola, adolorida, hecha un mar de lágrimas, temerosa de que Santiago volviera, pidiéndole a Dios ayuda y dudando si debía seguir ocultando la verdad a su familia.
En la trajinera se ven contentos; él en camiseta y bebiendo una cerveza; ella con suéter, bufanda y lentes negros.
Varias veces la había golpeado por pequeños desacuerdos, como el que tuvieron el sábado anterior a su paseo por Xochimilco.
Mientras agarraba la silla en que Elvira se subió para colgar la instantánea, le pregunté por qué se había vestido como si estuviéramos en invierno.
Cuando Elvira se bajó de la silla noté que temblaba.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/10/04/opinion/032o1soc
