En apariencia, el Presidente vuelve a ser árbitro supremo a quien se someten todos.
Hay indicios de que Enrique Peña y los grupos que tomaron el poder en 2012 se propusieron restaurar el régimen político que suponíamos superado.
El Presidente controla a la Suprema Corte, los organismos electorales, la Comisión Nacional de Derechos Humanos y los medios masivos.
Parece sólida la alianza entre el gobierno y los grupos de poder.
Muchos que pensamos que al perder la Presidencia el PRI se desmoronaría, quedamos desilusionados.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/10/04/opinion/011o1pol
