Y en qué otra parte del mundo, si no es acá, puede uno “ganarse” un secuestro.
No es fácil imaginar un secuestro.
El jueves pasado, seis años después de la última lapidación, Betancourt volvió aquí –que de aquí igual nadie logra irse– para participar en un foro sobre la búsqueda de la reconciliación.
Si no es la estremecedora plegaria de Ingrid Betancourt en aquel foro, un recordatorio, en suma, de que seis años pasan volando cuando uno no está secuestrado, entonces no sé qué va probarnos que no estamos condenados.
Y hacia el final, cuando reconoció que su secuestro volvió borroso el resto de su vida, cuando dijo que “aquellos que menos han estado expuestos a los rigores de la violencia se muestran a menudo más intransigentes”, fue claro que esta guerra no se ganó cuando se dijo, sino que apenas se hizo invisible en las ciudades; que no es fácil imaginar un secuestro, pero estamos en la obligación de hacerlo: y sí, ni siquiera la muerte es peor.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/05/11/actualidad/1462933674_761548.html
