Oaxaca · Salud mental y género
“Locas” por sentir: mujeres crean redes para transitar juntas el dolor
En Oaxaca, el proyecto Cuidados dementes reúne a mujeres para resignificar la “locura” desde una mirada feminista y crear círculos colectivos de acompañamiento ante el dolor, el duelo y las violencias.
Por Citlalli López Velázquez | Página 3
Oaxaca, Oax.- «Exagerada», «dramática», «histérica» o simplemente «loca». Nombrar de esta manera a una mujer ha sido también una forma de desacreditar lo que siente, minimizar su dolor e incluso invalidar su palabra.
Frente a esa realidad surge en Oaxaca Cuidados dementes, un proyecto impulsado por mujeres profesionales de la psicología que propone resignificar la locura desde una mirada feminista y crear espacios colectivos para acompañar dolores, duelos, separaciones y otras experiencias que atraviesan la vida de las mujeres.
Una estigmatización que invalida
Su apuesta parte de cuestionar una idea: que todo sufrimiento emocional debe observarse únicamente desde la enfermedad o resolverse individualmente.
«Cuando nos tachan de locas hay una estigmatización hacia nosotras como mujeres y en esa estigmatización invalidan nuestras emociones, inclusive los saberes de cómo podemos acompañarnos colectivamente», explica Virina Bautista García, quien junto con Ana García y Yamile Márquez integran el proyecto.
Para las integrantes de Cuidados dementes, el malestar de las mujeres tampoco puede analizarse separado de las condiciones en las que viven. Violencias, ausencia de redes familiares e institucionales y otros factores sociales pueden atravesar la manera en que experimentan y expresan el dolor. Desde esa perspectiva, cuestionan que la salud mental sea abordada exclusivamente desde lo biológico; su propuesta incorpora una mirada interseccional y entiende a las mujeres como personas atravesadas también por su contexto social y político.
Hacer de la «locura» un lugar de resistencia
Ana, quien es psicóloga y criminóloga, plantea incluso apropiarse políticamente de una palabra utilizada durante años para excluir. Para ella, reconocerse «loca» también implica asumirse como sujeta de derechos y romper con la mirada que coloca a quienes tienen un diagnóstico o padecimiento únicamente como receptoras pasivas de asistencia médica o social.
«Es un espacio de encuentro con otras mujeres que se denominan locas o que están en este reconocerse, reconocer esa locura que también habitan, pero desde un sentido más humano, no patologizante», explica.
El proyecto comenzó a construirse desde 2023 y recientemente abrió círculos colectivos de acompañamiento. Hasta ahora han realizado dos sesiones y buscan mantener encuentros mensuales, inicialmente en Valles Centrales y posteriormente en otras regiones de Oaxaca.
En sus primeros encuentros pusieron en el centro un asunto aparentemente sencillo: el dolor. Las participantes han hablado de cómo éste se manifiesta en el cuerpo, pero también de las formas cotidianas utilizadas para minimizarlo. Frases como «no es para tanto», «lo vas a superar» o «una lloradita y pa’lante» terminan convirtiéndose en pequeñas maneras de negar lo que una mujer está sintiendo.
Los círculos no pretenden imponer una ruta rígida. Los temas y herramientas se construyen a partir de las experiencias de quienes participan, incorporando recursos de la psicología y una perspectiva feminista e interseccional.
Por espacios seguros para hablar del dolor
Yamile advierte que uno de los principales vacíos está en la falta de espacios seguros para hablar del dolor. Muchas mujeres, señala, atraviesan sus procesos sin redes de acompañamiento institucionales o familiares y, cuando intentan expresarlos, pueden encontrarse con lugares donde sus emociones son minimizadas o donde incluso vuelven a ser violentadas.
Desde su perspectiva, la salud mental de las mujeres tampoco puede reducirse a una explicación biológica o individual. Propone una mirada feminista e interseccional que permita reconocer cómo las violencias y el contexto social y político impactan en sus vidas y en la manera de experimentar el dolor. Frente a ello, el acompañamiento colectivo permite que las propias mujeres construyan herramientas de resistencia y sobrevivencia que después puedan ser útiles para otras.

