Shoani Cruz
SANTO DOMINGO TEHUANTEPEC, Oax. En este municipio de la región del Istmo, campesinos y agricultores ya están preparados para la cosecha de flores del Xandú.
Cempasúchil, cresta de gallo y flor de olote llegarán a estas fiestas de Todos Santos o Xandú, como comúnmente se le conoce en esta zona zapoteca a la llegada de los fieles difuntos.
Romeo Piñón Pérez, médico de profesión y agricultor por herencia familiar, señala que a raíz de la pandemia por la COVID-19 sintió la necesidad de trabajar aún más la tierra heredada por sus progenitores.

Buscaba disminuir la ansiedad y el estrés por el incremento de contagios que diariamente veía en el hospital, aunado al largo confinamiento para evitar la proliferación del virus.
Piñón Pérez narra que desde hace tres años, él y nueve de sus trabajadores se han dedicado a la siembra y cultivo de la flor de muertos.
Detalla que se preparan con tres o cuatro meses de anticipación, dependiendo la flor que se vaya a sembrar.
Para la flor de cempasúchil se requieren tres meses de trabajo, mientras que para la de cresta de gallo son cuatro meses de preparación, refiere.
Proceso y preparación de la tierra para la siembra
El proceso comienza con los almácigos, que es la recolección de la flor que ya fue utilizada para adornar los altares y que es de donde sacan las semillas.
Eso inicia al concluir el Xandú y ponen a secar las flores para preservar las semillas.
Ocho meses después, en los primeros días de agosto se colocan en forma de tapete en una superficie de tierra; posteriormente son tapadas con pencas de coco y regadas para que en el transcurso de tres a cuatro días nazca la flor.
Romeo Piñón comenta que en los últimos días de agosto esa flor del almácigo es llevada a los terrenos que ya han sido arados por la yunta, para transplantarlas en los surcos de 150 a 200 metros de largo.
Después, añade, continuan con el proceso de arrimada de tierra, fertilización, fumigación y riego, proceso que dura tres meses antes del corte de flor de cempasúchil.
Mientras que para la flor de cresta de gallo, aunque es el mismo proceso de siembra, son cuatro meses de trabajo para que pueda desarrollarse y obtenerse la cosecha; el proceso de siembra de ésta inicia desde julio para estar lista en la temporada de todos santos.

Incremento de insumos e introducción de flores transgénicas genera una competencia desleal
En entrevista, Romeo, el agricultor por elección, reconoce el trabajo de los campesinos que participan con él cada año en la siembra de esta flor:
“Se siembra una hectárea entre flor de cempasúchil y cresta de gallo, estas personas se dedican a la siembra del campo; sin embargo, el alza en los precios de productos y maquinaria ha hecho que no puedan trabajar y mantener sus tierras”.
A través del terreno que le fue heredo por sus progenitores -donde siembra maíz la mayor parte del año-, Romeo Piñón da empleo fijo de siete a nueve campesinos.
Mientras que para la siembra de flor -que son dos días seguidos- utiliza de ocho a nueve trabajadores; posteriormente contrata a una persona que se dedica a fertilizar y fumigar, y otra más para el riego.
Admite que el salario de 250 a 300 pesos por jornada de ocho horas no retribuye la labor titánica, el esfuerzo y amor que le ponen los campesinos a la siembra y cosecha de estas aromáticas flores.
Y pone el dedo en la llaga:
Se enfrentan a una competencia desleal con la entrada de flores transgénicas o de injerto, que son ofertadas a precios muy bajos y que llevan el mínimo de trabajo y cuidado.
“Sabemos que la economía de las personas en algunas ocasiones no es tan buena; sin embargo, hay que ponernos en el lugar de los campesinos que esperan de esta cosecha una buena ganancia.
“Muchos de ellos para poder sembrar tuvieron que pedir prestado y tienen que pagar hasta con intereses, por eso, hago el llamado para que valoren el trabajo, el esfuerzo y paguen un precio justo por el producto”, enfatiza.
Aún sin definir costos por ramo, docena o par
Luego de un recorrido en el terreno pintado de amarillo y fucsia por los colores de las flores, el joven productor explica que aún no ha definido los costos a los que venderá esta cosecha.
Ello, porque aún no sabe qué tanta producción haya este año y si va a vender a municipios vecinos.
Refiere que el año pasado el rollo de cempasúchil osciló en 150 pesos, mientras que la docena de flor de cresta de gallo estuvo entre 150 y 200 pesos.
El más barato, dice, fue el rollito de flor de olote que se mantuvo entre 15 y 20 pesos, mientras que por par de flores se comercializaron entre 50 y 70 pesos.
Invitación a visitar el sembradío y tomarse la foto
Por último, Romeo Piñón invita para que las personas que deseen visitar y tomarse la foto en los cultivos de flor de cempasúchil y cresta de gallo, acudan al terreno ubicado en el Barrio San Sebastián, a 300 metros de donde estuvo la estación del tren en Santo Domingo Tehuantepec.
El acceso al público en general es gratuito a partir del lunes 24 de octubre, de 8:00 a 14:00 horas y de 16:00 a 19:00 horas.
“Estamos invitando a partir del lunes 24 al jueves 27 de octubre, porque en esos días va estar en su totalidad la cosecha de ambas flores, el corte para ser comercializado empieza el día 28”, dijo.
“Los invitamos a vivir la experiencia, a sentir la sensación del campo y el olor de esta peculiar flor que solo se da a la llegada de nuestros fieles difuntos en Todos Santos, incluso pueden escoger las flores si desean comprar y claro sin faltar la foto del recuerdo”, concluyó el joven agricultor.
Es de resaltar que el médico de profesión continuó con el trabajo de la siembra por amor a su tierra, por mantener viva la tradición de la siembra de flor de muerto que inculca a sus hijos con la enseñanza de todo el proceso de producción, su finalidad es que no olviden sus orígenes y continúen con esta tradición familiar.
