O su respuesta quedó suspendida en el aire, igual que el tenedor con el que cada uno se llevaba los últimos bocados a la boca.
Hablaban al mismo tiempo.
“Si el resto de los reunidos fijó en mí su mirada, ninguno me contestó.
Tosí para disimular mi equivocada y enfermiza vergüenza al tiempo que me incorporaba lo más discretamente posible a la conversación que mi presencia retrasada había interrumpido.
Hablaban de una especie de novedoso zoológico recientemente inaugurado en nuestra zona en el que de un zarpazo excesivo un león acababa de matar a su entrenador.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/10/04/opinion/a03a1cul
