Istmo de Tehuantepec · Tradiciones
Xandu’, el reencuentro de los binnizá con sus muertos, se celebra el 30 y 31 de octubre en Juchitán
En Juchitán, las familias zapotecas reciben a sus difuntos con el biguie’, copal, flores, tamales y música. Una tradición que se vive el 30 y 31 de octubre, y no el 1 y 2 de noviembre, y que este año se encareció por la sequía.
La comunidad binnizá de Juchitán recibe a sus muertos los días 30 y 31 de octubre, y no el 1 y 2 de noviembre, la fecha más extendida del Día de Muertos. Es el Xandu’: el reencuentro de los vivos con sus difuntos, que llegan a casa a convivir y a recibir su comida favorita.






El altar y el copal
En los hogares, las familias levantan el biguie’, el altar dedicado a sus difuntos, que describen de siete escalones y adornan con flor de cempasúchil y cresta de gallo, frutas, tamales, panes y comida tradicional. El copal, con su humo intenso, da la bienvenida a los muertos; los rosarios se rezan desde el 24 de octubre.
Las familias de la zona sur de Juchitán arman el altar el 30 de octubre, y las de la zona norte, el 31.
«La tradición es tradición»
En la séptima sección de Juchitán, Irma Sánchez Regalado espera a su esposo, Cipriano Martínez Regalado, y a su hermano, Héctor Sánchez Regalado, con un biguie’ y un altar. «Ya sentimos la presencia de mi esposo, murió hace ocho meses, y acá se tiene la costumbre que, si ya pasaron cuatro meses de su fallecimiento, se le dedica esta ofrenda, la cual elaboramos con mucho cariño», expresó.
Contó que este año la sequía encareció las flores de cempasúchil y las frutas. «Sí, es una tradición cara, pero vale la pena, porque se trata de nuestros seres queridos, así como en vida hacemos fiestas, cumpleaños y bodas, ahora que ya no están con nosotros y se murieron, al saber que regresan, merecen también estas ofrendas, entonces lo hacemos con mucho amor y cariño», señaló.
Jade Martínez recordó a su padre con un biguie’ que armó en familia, con ayuda de vecinas y vecinos. En la entrada de la vivienda, un arco de palma de coco adornado con frutas y flores da la bienvenida a los visitantes.
Quienes visitan las casas llevan flores y velas, y dan una aportación económica, la limosna, que es parte de la tradición; a cambio reciben pan y tamales.
«La alegría de volver a ver a sus muertos»
El cronista juchiteco Tomás Chiñas Santiago explicó que esta celebración es la alegría de los vivos de volver a ver a sus muertos, que regresan a casa y a quienes se dedican ofrendas. Según relató, a la llegada de los españoles a Juchitán se dio una fusión de dos culturas, pero los binigulasa, los zapotecas auténticos, no acataron los días de celebración impuestos, el 1 y 2 de noviembre, y mantuvieron el 30 y 31 de octubre.
Para Chiñas Santiago, el biguie’ va más allá de las tradiciones del Día de Muertos: es la esencia de recibir a un familiar en tu casa, convivir con él varios días y consentirlo con su comida favorita.
De acuerdo con el cronista, durante los dos días los familiares, hombres y mujeres, visitan la casa del difunto. Los hombres arreglan el altar, el beedxe’, y las mujeres preparan tamales de hoja de plátano, de pollo y de mole negro. A media mañana, las mujeres salen a visitar las ofrendas con flores de cempasúchil y una veladora, y reciben dos tamales y un pan. Los hombres también aportan dinero, los invitan a cenar y permanecen en el velorio. La música es imprescindible y se interpretan las canciones preferidas del difunto.
El final: el 3 de noviembre
Según cuentan los zapotecas, el 3 de noviembre, a partir de las tres o cuatro de la tarde, el altar se levanta después de rezar un rosario, porque a esa hora las almas regresan a su lugar de origen. Las frutas y los alimentos se comparten con amigos y familiares en agradecimiento por su compañía.

