Más incierta resulta la votación por el acuerdo con los fondos buitres en el Senado, donde Macri cuenta con menos aliados.
La aprobación o rechazo de un acuerdo para resolver en definitiva el conflicto con los llamados fondos buitres, prestamistas físicos o morales que rechazaron las renegociaciones de la deuda externa de Argentina y llevaron su caso a tribunales estadunidenses, tiene en vilo a ese país sudamericano.
En forma inopinada, el asunto ha concitado energías sociales que parecían colapsadas tras la derrota del Frente para la Victoria en los comicios presidenciales del año pasado y después de varios meses de una ofensiva antipopular en todos los frentes por la derecha gobernante.
Anoche, mientras el convenio urdido por el presidente derechista Mauricio Macri se debatía en el Congreso, afuera del recinto legislativo miles de ciudadanos se manifestaban por el rechazo al documento.
El régimen ha logrado operar hasta ahora con un justicialismo dividido entre el grupo kirchnerista, que ocupó el Poder Ejecutivo hasta diciembre del año pasado y se negó en todo momento a aceptar las condiciones especiales –y leoninas– reclamadas por los inversionistas extranjeros, y el peronismo neoliberal, remanente de las presidencias de Carlos Menem, así como gobernadores justicialistas ansiosos de endeudar las provincias que gobiernan.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/16/opinion/002a1edi
