El consulado general de México en Barcelona ha tenido, como todos, altos y bajos.
Dejo a un lado el grosero soslayo de dicho consulado, argumentando mucho trabajo, a dos importantes actividades llevadas a cabo en el norte peninsular, donde México tuvo un papel protagónico.
Lamentablemente, ayuda a enaltecer su recuerdo que ahora esté viviendo esa representación uno de sus peores momentos.
Podemos recordar con enorme gusto, por ejemplo, la reciente gestión de Jaime García Amaral.
Bien se dice que para que la gestión de un buen funcionario se perciba mejor conviene que la sucesión, como en este caso, sea un verdadero desastre.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/10/10/opinion/012a1pol
