En vestidos sin lujo y un comer sin regalo consumía las tres cuartas partes de su pobre hacienda.
Andando los siglos el Quijote no se pierde y llega a nuestros días sumido en igual pobreza que la nuestra.
Esa dignidad que parece haber perdido México frente a la miseria del campesino indígena y el poder del hampa que parece ganar la batalla.
La pobreza y aun la miseria no excluyen la dignidad, lo mismo ayer que hoy en la casta.
El hidalgo de Quevedo se explica con claridad en oposición al hidalgo de Cervantes.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/12/opinion/a06a1cul
