- Calificada como una profesionista comprometida con las causas sociales
- Su asesinato en medio de un entramado de aguas turbias
Soledad Jarquín Edgar
SemMéxico, Oaxaca, 11 de marzo, 2026.- El próximo domingo se cumplirán nueve meses del asesinato de Lilia Gemma García Soto, ocurrido el 15 de junio del 2025 en San Mateo Piñas, municipio de la Costa de Oaxaca. Un feminicidio ampliamente difundido desde los primeros minutos de aquel domingo de junio, un asesinato violento que permanece sin castigo.
Lilia Gemma era la presidenta municipal de San Mateo Piñas, municipio cafetalero conformado por 47 comunidades y habitada por poco más de dos mil personas (INEGI 2020), donde, además, existe un importante retraso en servicios básicos como la electricidad que alcanza a poco menos del 70 por ciento de las viviendas o el agua entubada que llega de manera directa a menos de la mitad de las casas, estadísticas tomadas del portal México.pueblosdeamérica.com

Ella nació en la ciudad de Oaxaca un 12 de enero de 1959, pero su padre originario de San Mateo Piñas pasaba más tiempo en la costa, ahí conservaba una casa propia y un pequeño ranchito donde sembraban café, el resto de la familia visitaba en vacaciones San Mateo Piñas donde también se ocupaban de los cafetales.
Lilia Gemma emigró a la ciudad de México donde estudió sociología. Fue la mejor alumna de su generación, por lo que la Universidad Nacional Autónoma de México, ENEP Aragón, hoy Facultad de Estudios Superiores Aragón, le otorgó la medalla Gabino Barrera.
La vida comprometida de Lilia Gemma no empezó en San Mateo Piña, a ella se le recuerda como una mamá al cien, una profesionista dedicada y una activista marxista-leninista de hueso colorado. En los años 70 participó en los círculos de izquierda, en tareas de capacitación sindical y estudiantil. Cuando nacen sus hijos y se dedica solo a ellos y a su trabajo en la UNAM. Pero cuando crecen, Lilia Gemma vuelve a esa tarea, imparte clases de formación sindical en la Universidad Obrera de México que fundara hace 90 años Vicente Lombardo Toledano.
Como profesionista trabajó en la UNAM, donde se jubiló en mayo de 2020 después de haber ocupado por casi tres décadas el cargo de directora de Intercambio Académico de la Coordinación de Investigación Científica la UNAM, fue entonces cuando determinó que era tiempo de volver al terruño en la Costa oaxaqueña y cuidar a su padre y a su madre. Sin embargo, por lo que observaba supo que tenía que hacer algo más que eso.
Hay cosas que no compensa el dinero y Lilia Gemma García Soto lo tenía claro, no necesitaba dinero que no fuera el suyo y quizá por ello hizo mucho por San Mateo Piñas, un pueblo que antes de ella estaba olvidado. Durante años había ido cada tanto a San Mateo Piñas junto con sus hijos. Aprendió mucho del café, otra de sus pasiones.

En aquella ocasión, años antes de decidirse a vivir en San Mateo Piñas la roya, un hongo que afecta los cafetales, ella se encontraba ahí, se propuso ayudar sin que nadie se lo pidiera, así que aprovechó sus contactos con investigadores y pidió ayuda a la Universidad Autónoma de Chapingo, donde ya están estudiando la roya en la zona de Loxicha, muy cerca geográficamente de San Mateo Piñas, por lo que llegaron pronto.
Los especialistas hicieron cursos, revisaron las plantaciones, encontraron que la tierra no había sido alimentada por unos cien años y les enseñaron como nutrir la tierra, además de mostrar cómo preparar insecticidas naturales. Cuando la respuesta del gobierno llegó con insecticidas químicos, en San Mateo Piñas ya habían resuelto el problema de la roya.
Lilia Gemma la socióloga comprometida
Quizá esa fue la primera de muchas veces que Lilia Gemma García Soto ayudó a la comunidad, pero no fue la última. En 2006, en una entrevista que le hicieron en el Boletín Aragón recordó que cuando era estudiante caminaba junto con dos compañeras en la avenida Central, vieron a una mujer que entre la basura sacó cascaras de mango para comer, episodio que señala le marcó la vida. “Eso nos ayudó a ser estudiantes conscientes”, tarea que dijo entonces, debía asumir con la convicción que de (la sociología) está al servicio de la sociedad, una herramienta válida para esclarecer el camino hacia comprensión de la realidad cotidiana.
Tras ayudar a resolver el problema de la roya, un rumor se hacía más presente en el pueblo costeño, la última franja de las montañas de la sierra sur que permiten ver el mar desde esas alturas, la gente se preguntaba “si esa señora quería ser presidenta municipal”.
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