Además del español, estas obras están en su lengua original (inglés, francés, italiano, alemán), que ha aprendido de manera autodidacta.
Se lo merecen porque todos son obras trascendentes relacionadas con esa parte viciosa del ser humano: la literatura.
Su obsesión como redentor de obras clásicas surgió en la infancia.
O el muchacho que, recostado en una barca, presume su cuerpo en la cubierta del Théâtre de Corneille (Gallimard, 1966).
«Al rescatarlos, trato de darles la categoría que se merecen o cuando menos sacarlos de ese fondo proletario».
Fuente: http://www.noticiasnet.mx/portal/oaxaca/cultura/artes/306861-salva-del-olvido-obras-clasicas
