Eduardo Bautista / IISUABJO

Las luchas por lo común son luchas por la vida; sus motivaciones son múltiples pero tienen que ver con las condiciones que garanticen la reproducción material de la vida en comunidad, por el agua, por la tierra, por el territorio. Son las luchas de quienes comparten ese común vital, con quienes se vive, con quienes se trabaja, con quienes se  defiende lo común, con quienes se festeja la vida.

Las luchas por lo común hablan en una gramática política propia, no de campañas, no de candidatos, no de votos. Hablan de causas y motivos que son de largo plazo, de la defensa de los cerros, de los bosques, de los ríos, de los manantiales, del maíz, de los cultivos nativos, de los alimentos, del aire; tienen que ver con la defensa del clima y de la naturaleza frente a la voracidad y la depredación de quienes les ponen precio; frente a quienes colocan los espacios comunes y recursos naturales en la subasta del mercado.

Nada más oportuno que discutir sobre lo común en Oaxaca en donde existe una tradición organizativa fuerte, aunque no estática, vinculada a cambios en donde las comunidades se reorganizan, participan y aportan, y en una fecha como hoy 12 de octubre, de encuentros y desencuentros. Lo común, con su léxico político de solidaridad, de compartir, de luchar en comunidad, de recorrer los caminos de la emancipación, de la construcción de   autonomías, no se registra en el diccionario del liberalismo ni en los tratados de  los gobiernos gerenciales al servicio del mercado.

Para comprender lo común no alcanza el término de la democracia participativa ni la representación, ni capital social; no remite a ficciones políticas sino a realidades. Como bien decía una mujer zapoteca del Istmo de Tehuantepec, “necesitamos nombrar lo que existe, lo que vivimos aquí, lo que nos preocupa, lo que nos motiva, para entendernos nosotros mismos y cómo nos organizamos. No queremos conceptos artificiales”.

¿cómo dar nombre a lo que existe en comunidad? ¿cómo dar nombre a lo que la gente defiende, a lo que sueña, a lo que anhela? Pero desde luego que necesitamos conceptos para ampliar horizontes, para comunicar experiencias, para identificar los caminos, para divisar más allá de las lomas, para saber cuando puede venir la tormenta.

Lo común convoca a otras formas de nombrar, otras prácticas y formas de ser que son profundas y vitales; trata de la política de la defensa de la vida, de la vida que es necesaria en comunidad, de los saberes de todos quienes estuvieron antes; es la lucha por la defensa de las decisiones de la comunidad sobre su presente, sobre su futuro.

La historia, como gran maestra de la vida nos enseña que los cambios profundos no vienen de arriba, sino de los movimientos de abajo, no de los héroes ni de los caudillos, sino de los muchos, de los miles anónimos que se mueven para cambiar el estado de cosas desde los territorios.

Las luchas por lo común son múltiples, moleculares, pacifistas, invisibles ante quienes buscan grandes conflagraciones; sin embargo, las luchas por lo común constituyen una de las formas de resistencia más clara ante una tendencia de despojo, de desposesión de los bienes comunes que realiza el capital transnacional y sus gobiernos subordinados. Las experiencias de esto se multiplican en regiones de América Latina, de México, de Oaxaca.

Fragmento en Encuentro de lo común. San Luis Beltrán, Oaxaca, 12 de octubre de 2015.