Eduardo Bautista

La breve y turbulenta historia del proyecto del centro de convenciones que promueven los gobiernos estatal y municipal de Oaxaca, es una muestra de que en el estado, así como en muchos lugares del país, los gobernantes provenientes de los diversos partidos políticos, siguen un procedimiento al revés. Primero la imposición y luego la consulta, inician la obra y después preguntan.

Los gobernantes en alianza con grupos de poder empezaron haciendo cuentas, calcularon sus intereses, contrataron empresas para estudios de “factibilidad”, arrancaron trabajos, ejercieron presupuestos millonarios y alinearon corporaciones de transportistas y a otros trabajadores organizados bajo los residuos de lo que fue el partido único. Ahora, ante la presión y el rechazo social que provoca la acción, se les ocurre que deben preguntar a la gente si están o no de acuerdo, simulando que les interesa la opinión de los ciudadanos.

De antemano suponen que sea cual sea el resultado, ellos van a salirse con la suya, el proyecto de infraestructura va seguir avanzando. Los intereses económicos son de tal peso que no les importa avasallar con las expresiones de rechazo de sectores importantes de la sociedad ni con la escasa credibilidad de un incipiente organismo ciudadano, encargado de la improvisación y de la simulación de la consulta, el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca (IEEPCO).

A estas alturas del sexenio ya no les importa, el disimulo de la alternancia y “la transición” está terminando como otra jugada de los grupos de interés. Las identidades partidistas se encuentran desdibujadas, sean del PRI, PAN, PRD o coaliciones, al final la cuestión del lucro con recursos públicos los hermana y saca a la luz su verdadera identidad, la de mercaderes.

En lugar de la necesaria consulta previa, libre e informada, los gobiernos estatal y municipal recurren al bombardeo de propaganda en medios informativos, a invadir la privacidad de los ciudadanos con mensajes tendenciosos en teléfonos celulares y a la tradicional coacción de la burocracia para llevar votos a su favor. Para el ciudadano común y corriente ya no queda clara la diferencia entre gobernantes de un partido político o de otro, al final las prácticas son las mismas.

En el entorno de la simulación están las declaraciones de los gobernantes por los supuestos beneficios de la derrama económica, de la creación de empleos, del turismo, y sobre todo, de la denostación de quienes se opongan, como si se tratara de aquellos renuentes al desarrollo de Oaxaca. En este entorno, se divide a la población y se polarizan posiciones de manera muy simplista, entre quienes están a favor del “progreso” y quienes lo rechazan.

La consulta del gobierno, con el uso de recursos públicos a su favor y la subordinación del IEEPCO, no puede ser más válida y legítima que las acciones de información y recolección de firmas por la defensa del cerro del Fortín, emprendidas por el pintor Francisco Toledo y organizaciones civiles.

La consulta gubernamental desacredita y pervierte el sentido del mecanismo de una consulta, de lo que debe ser un instrumento participativo registrado en la Ley de Participación Ciudadana, y que surgió como una de las demandas de largo alcance de la sociedad civil, y no como una concesión gubernamental. El mecanismo de la consulta no debería ser para que el grupo gobernante salga del paso y le dé velocidad al discurso oficial de que el centro de convenciones “va con todo”.

La nueva imposición en el cerro del Fortín ocurre cuando aún no se borran las huellas de pasadas corrupciones en el auditorio Guelaguetza, los restos de una velaría reducida a unos cuantos fierros que nos recuerdan la evaporación de más de 104 millones de pesos del presupuesto de los oaxaqueños.

El procedimiento al revés, el juego de la consulta, la sordera de los gobernantes, el desdén a la inteligencia de los ciudadanos, está en la historia de muchos proyectos de infraestructura regional y local que se han emprendido, como las consultas en el istmo de Tehuantepec, después de que se han instalado los aerogeneradores. Primero las alianzas mercantiles, el despojo, la manipulación informativa y después lo que diga la gente.

Como escribió el extinto escritor uruguayo, Eduardo Galeano, en su libro “Patas arriba”, “El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo… En los suburbios del mundo, los jefes de estado venden los saldos y retazos de sus países a precio de liquidación, por fin de temporada, como en los suburbios de las ciudades los delincuentes venden, a precio vil, el botín de sus asaltos” (pp.5-6).

 

Investigador del IISUABJO

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