Víctor Leonel Juan Martínez

OAXACA (#pagina3.mx).- “La nación tiene miedo. La agobia un calosfrío de duda, un vacío de vértigo, una intensa crispación de desconfianza”, decía en 1903, justo en la decadencia del régimen porfirista, el intelectual y político Francisco Bulnes.

Un siglo después la desconfianza y el temor privan en la sociedad y en Oaxaca se acrecientan con el proceso electoral en marcha.

Desconfianza que se incrementa al descubrirse bodegas con miles de despensas, con propaganda del PRI y su candidato a la gubernatura, preparadas para intercambiarlas por votos: lo mismo que con los señalamientos de que la coalición PAN-PRD incurre también en esas nocivas prácticas. Situación que muestra la incapacidad de los partidos políticos de convencer con argumentos a la ciudadanía; que devela la precariedad de sus proyectos. De que son la guerra sucia, la compra y coacción del voto los ejes centrales de sus campañas; minimizando ellos mismos las escasas propuestas que se esbozan.

Desconfianza que se corrobora con las filtraciones de conversaciones telefónicas –grabadas ilegalmente— entre dos personajes a los que presuntamente se identifica como, Jorge Castillo, de quien se dice es operador del gobernador del estado y del candidato de la coalición CREO y de Beatriz Rodríguez Casasnovas, de quien se dice representa nte del exgobernador Ulises Ruiz. El tema de la charla es la forma de inyectar recursos para “impulsar las campañas” y meter orden a las mismas, para lo cual la segunda convoca a una reunión. El supuesto funcionario sin cartera, razona que no debe asistir “si voy me van a pedir dinero y más dinero, y el dinero va a ser el centro de la atención en lugar de lo político”.

Esa es la marca de la actual clase dirigente en el país y la entidad: la visión patrimonialista del poder, la lucha por intereses pecuniarios. Muy lejos los políticos comprometidos por una causa, con un proyecto, que defendían con pasión las ideas. Ahora las fronteras entre partidos se ha diluido, no tienen ideología sino intereses sectarios; no hay compromiso con la ciudadanía, sino complicidades para defender privilegios y prebendas. Lo político no importa, sino el dinero.

Por eso el bloqueo permanente a las leyes del Sistema Nacional Anticorrupción impulsadas por la sociedad civil. Por eso la violación sistemática a las leyes electorales que las fracciones parlamentarias aprueban en el Congreso, con los suficientes resquicios para que sus partidos las anulen en la práctica. De ahí también la comisión de irregularidades que en distintos momentos han presentado todos los partidos; o la violación a la ley de forma metódica y fríamente calculada, como se especializa el Partido Verde; o las trampas que hicieron PAN y PRD para registrar a sus dirigentes como candidatos a diputados. O las del PRI, avaladas por el órgano electoral, para eludir la paridad de género.

La crisis del sistema y la cultura antidemocrática, se perciben también en la actuación de los denunciantes de esas irregularidades: estimulan el escándalo mediático, pero anulan las pruebas, como sucedió con el caso de las despensas encontradas donde se promovió su saqueo. Es en el tribunal inquisitorio de los medios y en el juicio sumario de las redes sociales, donde buscan no justicia, sino descalificación inmediata del adversario, un aumento de sus puntos en las de sí engañosas encuestas.

Ello nos habla de una falta de institucionalidad de quienes debieran ser los primeros en construirlas: los partidos políticos y sus candidatos. Desnuda también la crisis del sistema político, del fracaso de la transición democrática  y de la ausencia de una cultura política en clave democrática.

Es en parte por ello, que en el actual escenario político oaxaqueño se aprecian dos visiones distintas del quehacer público: la de los partidos PRI-PAN-PRD, los cuales, con sus matices, parecen presentar el mismo proyecto político-económico-social. Y la de los partidos PT-MORENA, como oposición al anterior, con diferencias sustanciales, pero sin terminar de enarbolar alternativas viables y concretas. Son esas dos propuestas que disputan la gubernatura, si bien con cuatro candidatos: Alejandro Murat (PRI-PVEM-PANAL), José Antonio Estefan (PAN-PRD), Benjamín Robles (PT) y Salomón Jara (MORENA). Las diferencias en las preferencias electorales entre ellos, no parecen aún determinantes para dilucidar a un posible ganador. Y sólo faltan tres semanas para la jornada electoral.

¿Qué es lo que ve el país que se le ofrece después de Díaz?, se pregunta Bulnes en aquellos albores del siglo xx. Y se responde: “Hombres y nada más que hombres”. Y reflexiona: “Para después del general Díaz el país ya no quiere nada más que hombres. El país quiere partidos políticos, quiere instituciones, quiere leyes efectivas, quiere lucha de ideas, de intereses y de pasiones”. Un siglo después, la sociedad oaxaqueña se repite esas preguntas y retoma los mismos anhelos.

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