En el Camino/ Periodistas de a Pie

Tapachula siempre ha visto pasar migrantes. Pero desde hace algunos años cada vez más por sus calles deambulan africanos, cubanos y asiáticos, que forman parte de la nueva oleada de extranjeros que llegan a México. Ésta es una crónica de vida, la de esos jóvenes que a miles de kilómetros de casa encuentran un primer remanso de paz en su largo viaje a Estados Unidos.

Justo a la mitad de la avenida 8 en Tapachula, Chiapas, hay un letrero con escritura extranjera curveada, más similar al élfico que al español. Parece de otro mundo, una invocación de sabiduría milenaria entre las estéticas, taquerías, vendedores de tiempo aire y boutiques baratas.

No dice más que “Carne, Pollo, Puerco y Coliflor” en Bengalí, el idioma de Bangladesh, y anuncia un restaurante con mesas de plástico y piso de concreto. En la parte de atrás, en la cocina, el cocinero Sadek Mohammed, un joven delgado con un ligero indicio de barba, mira un sartén en el que se fríen cebollas mientras contesta vagamente las preguntas de un periodista en espanglish. ¿Cual es el motivo, por ejemplo, por el cual esta aquí, trabajando en un negocio Mexicano, a 17,000 kilómetros de su hogar?

“Para salvar mi vida”, responde entre risas, “en segundo lugar por dinero. Después, comida y diversión. Lo primero: salvar mi vida”.

La mayoría de los clientes en Bangladesh Rasunt tienen una historia similar. Como Gorjit, un indio Punjabi que luce exhausto y maltrecho, después de un largo camino a través de la selva Colombiana. Gorjit, quien abandonó su tierra después de que la violencia política matase a su padre y a su tío, parece no poder dejar sus problemas detrás.

“¡Cuando hablo con mi madre, a veces lloramos mucho, porque la policía pregunta dónde está su hijo! Causan mucha molestia”, comenta. A unos pasos se encuentra una pareja proveniente de Togo, delgados y con rastas, comiendo huevo con tortillas.

Él es musulmán y ella católica. El padre del joven amenazó con matarlos por unirse en pareja, así que huyeron y cruzaron una docena de países de Latinoamérica. Tienen la esperanza de llegar a Estados Unidos.

Allí mismo está Bonifacio, quien fue golpeado, casi hasta la muerte, por la policía debido a su trabajo en favor de los derechos de homosexuales en su nativa Camerún. Le gusta México, dice que piensa quedarse. “Hay gente con falta de cultura, pero ya me acostumbré a vivir con los latinos”, cuenta mientras vociferante, con un sombrero de gángster y jeans amplios, se mueve de mesa en mesa, persuadiendo a los demás a compartir sus historias.

No todos están dispuestos a  hablar. Evitando hacer contacto visual, un grupo proveniente  de Bangladesh se mete en la cocina, murmurando algo a Sadek mientras revuelven las charolas como si fuesen dueños del lugar. “Tendré que pedirles que dejen de hacer eso”, dice Antonio Baraja, el dueño del lugar, mientras suspira desde atrás de la caja. “Salubridad nos podría clausurar”. Pero en realidad él no dice nada a las autoridades. Aquí, los migrantes que vienen a “salvar sus vidas” son buenos para el negocio.

Tapachula siempre ha sido una encrucijada de migrantes. Decenas de miles de centroamericanos pasan por aquí cada año, en su camino hacia Estados Unidos. Pero ahora se les ha unido un creciente número de migrantes provenientes de lugares más lejanos: Sudamérica, Cuba y aún más visibles, de África y Asia.

Mientras que los Centroamericanos pueden pasar rápidamente y casi desapercibidos, los llamados “extracontinentales” han convertido a Tapachula en una estación, un refugio temporal en una de las rutas migratorias mas largas de mundo. A miles de kilómetros de distancia de casa, sin pasaporte o alguna otra forma de probar su nacionalidad, son notoriamente difíciles de deportar por lo que, después de una breve detención, el Instituto Nacional de Migración (INM) generalmente los libera y les otorga un oficio para salir del país antes de 20 días.

En 2012, 303 asiáticos y 302 africanos fueron detenidos por las autoridades migratorias de México. En 2015 aumentaron a 2,216 y 2,045 respectivamente. Africanos y asiáticos de ojos cansados, algunos en ropas de brillantes colores como turbantes, hablando idiomas que, aquí, habían sido escuchados solo en películas, buscando comida, hospedaje y cubrir otras de sus necesidades, son ahora algo común en las calles de Tapachula. Los comerciantes de la avenida 8 están felices de servirles.

Baraja está entre los más emprendedores. Contrató a Sadek como su cocinero y convirtió su fonda de comida mexicana en restaurante de curry. También abrió una agencia de viajes al otro lado de la calle, donde vende a los migrantes boletos económicos a Tijuana y a otros lugares de la frontera con Estados Unidos.

Más adelante hay un café Internet con casetas telefónicas, desde donde los migrantes llaman a sus familias para informarles que están bien y que necesitan más dinero. La pared del fondo está tapizada con fotos de grupos provenientes de África, sonriendo a la cámara, todos clientes satisfechos.

Nota completa: http://enelcamino.periodistasdeapie.org.mx/ruta/tapachula-primer-refugio-mexicano-para-nuevos-migrantes-extracontinentales/

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