Jalalabad, Afganistán. Al menos 94 combatientes del grupo Estado Islámico (EI) murieron el pasado jueves en Afganistán por el lanzamiento de una bomba estadunidense, según un nuevo balance comunicado este sábado, mientras las fuerzas afganas proseguían sus operaciones contra los yihadistas. El anterior balance era de 36 muertos entre los miembros del EI, después de que Estados Unidos utilizara su bomba no nuclear más potente para destruir una red de cuevas y túneles del grupo en la provincia oriental de Nangarhar.

Era la primera vez que la aviación estadunidense utilizaba en combate la GBU-4/B3, una bomba aérea de artillería masiva (MOAB), conocida como “la madre de todas las bombas”. Esmail Shinwar, gobernador del distrito de Achin, bastión del EI en Nangarhar, aseguró que “al menos 92 combatientes de Dáesh (acrónimo árabe del EI) murieron” en el bombardeo. “Tres túneles en los que estaban los combatientes en el momento del ataque quedaron destruidos”. La explosión no causó ninguna víctima entre los civiles y los militares, explicó. “Los civiles habían sido informados con antelación y pudieron huir de la región”, afirmó.

“En estos momentos, los comandos afganos y las tropas extranjeras llevan a cabo una operación de limpieza en la zona”. El portavoz del gobernador provincial, Attaulah Khogyani, informó por su parte de “94 combatientes de Dáesh abatidos” y confirmó a la AFP “una operación de limpieza realizada con éxito”. La víspera, el EI desmintió haber sufrido bajas en el ataque a través de su órgano de propaganda, Amaq.

Llamarada

“El bombardeo destruyó reductos estratégicos de Dáesh (acrónimo árabe del EI) y una red profunda de túneles y mató a 36 combatientes del EI”, indicó el viernes el ministerio afgano de Defensa en un comunicado.

La explosión del jueves retumbó en un radio de varios kilómetros a la redonda y envolvió en llamas la zona del impacto, en esta región montañosa y remota, fronteriza con Pakistán. Una fuente cercana a los insurgentes afganos indicó a la AFP, bajo anonimato, que varios habitantes sintieron temblar el suelo “como durante un terremoto”, y que muchos se desmayaron debido a la potencia de la onda expansiva. El uso de la bomba, diseñada en 2002-2003, al principio de la guerra en Irak, suscitó críticas de varios dirigentes de la región.

Pero el presidente afgano, Ashar Ghani, defendió su uso, al igual que el comandante de las fuerzas estadounidenses en el país, el general John Nicholson. Según varios expertos en la región, el EI instaló sus bases a proximidad de los pueblos y las viviendas en el distrito de Achin, obligando a miles de familias a abandonar la zona.

En los últimos tiempos, se habían recrudecido los combates entre los yihadistas y las tropas afganas, que reciben apoyo de las fuerzas estadounidense, que sufrieron una baja la semana pasada. Un portavoz de los talibanes, Zabihullah Mujahid, criticó en un comunicado el hecho de que Estados Unidos utilice a “Afganistán como un laboratorio experimental” y opinó que eliminar a Dáesh era “el trabajo de los afganos”.

La provincia de Nangarhar, fronteriza con Pakistán, es la primera región de asentamiento en Afganistán del EI, que avanzó en los últimos años el país reclutando en especial a talibanes afganos o paquistaníes desencantados.

Desde agosto de 2016, las fuerzas estadounidenses han llevado a cabo varios ataques aéreos en Afganistán contra los bastiones yihadistas. Los esfuerzos conjuntos de las fuerzas afganas y estadounidenses han hecho retroceder a los combatientes del EI.

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