Después del terremoto... Foto: Pedro Matías

Pedro Matías

JUCHITÁN, Oax. (pagina3.mx).- Aquí, la gente le tiene miedo al silencio porque anuncia desgracias. Y es que aquel siete de septiembre de 2017, después de una abrumadora quietud o silencio sepulcral, sobrevino un ruido espeluznante que provocó la “muerte del pueblo”. Desde entonces, Juchitán vive un duelo colectivo donde poco a poco la gente va regresando a la vida entre escombros, bajo lonas y en el abandono.

Así sintetiza el antropólogo e historiador Víctor Cata este fenómeno interesante de cómo reaccionó el pueblo zapoteco ante el desastre que enlutó decenas de hogares y sepultó años de trabajo.

Explica que por esta razón “los zapotecos somos ruidosos, escandalosos y tienen mucho humor dentro de su dolor, porque no les gusta el silencio debido a que anuncia desgracias”.

Desde el punto de vista cultural, dijo en entrevista con pagina3.mx: la gente se ha vuelto como un sismógrafo porque ya saben cómo se lee un temblor:

“Cuando el cielo pareciera que tiene brumos o como si estuviera aborregado, dicen que va a temblar; si de repente amanece y hay una gran calma, un gran silencio en la tierra, dicen que se anuncia un temblor o cuando el Alcaraván, el pájaro canta a deshoras, como al mediodía, cuando no es hora de que cante puede anunciar un temblor o cambio climático”.

Con tantas réplicas, más de seis mil después del terremoto del 7 de septiembre, la gente le apuesta más al temblor que a un cambio climático, porque desde esa fecha se perturbó la tranquilidad de esta sociedad zapoteca.

Lo cierto, dijo, es que “los desastres marcan el tiempo entre los pueblos originarios. En el caso de zapotecos nos dicen: yo nací el día que tembló fuerte, el día de la gran inundación o el día que llovió cenizas y este temblor ya vino a darnos una referencia en el calendario cultural donde ya es inevitable hablar del temblor”.

Entonces, hay un antes del 7 septiembre con un Juchitán libre, sin zozobras, sin angustias, sin miedo, sin temor de perder nada, y un después donde ya es otro replanteamiento, estamos ante otra era, ante otro Sol, dijeran los nahuas, y ahora la misma naturaleza nos va dando referencias que se vuelven importantes para marcar nuestro tiempo.

El fenómeno que observo fue “la muerte del pueblo. Murió la ciudad aquel siete de septiembre. Antes no pensabas en la muerte y de repente nos alcanza esta realizad y caes en este duelo donde ves que hasta las piedras se mueren y si las casas caen, también nosotros”.

Prácticamente en el abandono gubernamental, personas damnificadas por el terremoto. Foto: Pedro Matías.

Aquí lo interesante es que la gente concibió a la ciudad como a una persona porque la gente, sin que nadie las obligara, cancelaron las fiestas durante un año. No hubo alguien que lo prohibiera, fue un sentir colectivo.

Es como cuando muere un familiar, se cierran ventanas, hay silencio en la casa, no se prende la radio ni la tele. El pueblo hizo un duelo y poco a poco la gente va regresando al vida. No estamos para fiestas porque saben que fulanita no tiene casa o se murió su familiar, entonces, hay pequeños convivios”.

También murió esa imagen del presidente municipal que era considerado el papá del pueblo, y como no ayudó durante la tragedia, fue sepultado.

Aunque en Juchitán la sociedad es considerada un matriarcado, el lingüista Víctor Cata desmintió esa versión al explicar que “una imagen de cómo concebíamos al gobierno, como papá del pueblo. Es una visión machista, no se dice la mamá del pueblo sino todos los hombres han sido gobernantes. No tenemos mujeres que gobiernen la ciudad”.

Se le interrumpe al afirmarle que en la actualidad gobierna una mujer, Gloria Sánchez, la perredista y ahora de Morena, a lo que responde sin el menor titubeo: “no tenemos presidenta aunque legalmente sí lo sea, pero en los hecho no”.

Y explica que “es su hermano Héctor Sánchez López el que gobierna, las sesiones de cabildo primero pasan a casa de Héctor y ella aparece detrás de él con su cabeza baja. El que opina es él o determina las cuestiones importantes.

Entonces, “la sociedad zapoteca no es matriarcal, aunque poco a poco las mujeres van abriendo otros espacios, como Natalia Toledo e Irma Pineda que tienen más independencia que una mujer en la política o tienen una opinión propia. En la política no hay mujeres que tengan una opinión propia porque están controladas por el grupo caciquil de Héctor Sánchez”.

Desde el punto de vista social observó que “en los primeros días del temblor hubo una recuperación del sistema de organización que existía antes de que nos politizaran y que nos despojaran de nuestro sistema de gobierno, que era la ayuda dentro vecinos”.

Recordó que en los 80’s los campesinos arrancaban sus milpas y traían elotes y lo primero que hacían era ofrendarlos a sus Santos y luego los compartían con sus vecinos.

Entonces, en una cuestión de sobrevivencia, los primeros días del temblor hubo mucha participación de vecinos, de la ciudadanía, de las ong’s.

Lamentablemente el terremoto vino a mostrar las dos caras no propias de los juchitecos, sino que es una cuestión muy humana.

“¿Qué sucede cuando hay una desgracia?, el primer instinto es la sobrevivencia y si no hay una autoridad que regule esa parte de la tragedia cae uno en actos de vandalismo y si no hay autoridad es peor. Vi la parte bondadosa de los pueblos cercanos del Istmo y de la gente de fuera”.

Sin embargo, en la parte política “no hubo una presencia del gobierno municipal. No hubo presencia solidaria, de asistencia, no tenían ni un programa de cómo organizarse ni cómo canalizar los apoyos. Entonces se vio un gobierno miserable que privilegió comprar carros para el ayuntamiento que cosas que podía canalizar a cuestiones humanitarias, a la asistencia social sin ver el partido o grupo político”.

Dijo que por “una cuestión moral, cuando uno ejerce el poder debe ser el jefe de todo y esa parte miserable lo vimos todos”.

Mencionó que “una de las maldiciones que tenemos los zapotecos, algunos dicen es cuando se alude a la vagina, al origen, cuando se dice la concha de tu madre, pero ya revisando bien esta cuestión de los eufemismos y la parte metafórica, lo más fuerte es decirle a uno miserable, claro cuando hay vergüenza”.

“Que cometas actos indebidos y que te afecte y afrenten moralmente es una vergüenza colectiva. Si tienes vergüenza puede dolerte que te digan esa frase. Y yo lo que vi de este gobierno es que escatimó, se volvió miserable con un presupuesto que no es de él”.

Resaltó que “si no fuera por la ayuda de ong’s y grupos de amigos, no sé que hubiera pasado, fuera peor”.

Escuelas, de los edificios más afectados por el sismo del 7 de septiembre de 2017 y que a un año singuen sin ser reparados. Foto: Pedro Matías.

Hizo hincapié que Natalia Toledo alcanzó a repartir ayuda a varios pueblos. La periodista Roselia Chaca y yo hicimos cocinas comunitarias, Francisco Toledo hizo lo propio y lo hicimos rendir ante la ausencia de poder en la parte política”.

Y en la parte espiritual, dijo que creció la ola del protestantismo con grupos evangélicos que anunciaban el fin del mundo, el fin de los tiempos.

Finalmente, dijo que “todavía la ciudad sigue devastada por una falta de interés gubernamental, ya que la autoridad está esperando que le paguen para remover los escombros y la sociedad no hace nada si no lo hace la autoridad porque el gobierno destruyó nuestro sistema de organización para volvernos dependientes y estar sujetos a sus redes”.

“Esta idea de que tenemos de creer que el gobierno es vital para nuestra organización y vida, cuando regreso en el tiempo y veo que no era así, era comunitario y eso es peligroso para un gobierno”.

“A un año del terremoto, lo que nos mostró fue solidaridad y voracidad, rapiña y compasión, son los clarososcuros del ser humanos”, puntualizó.