Pozo Peralta

Bajo el sol de las once, la gente espera el inicio de la ceremonia. Es el pozo Peralta el que los reúne, desde su profundidad resuenan las voces de los Juchitecos que en 1866 se reunieron para curarse y tomar aliento ante la derrota en el centro de Juchitán. Nos llaman, alinean nuestras almas con su arenga; las historias de nuestros abuelos sobre la batalla del 5 de septiembre comienzan a asomarse.

La banda infantil “San Vicente” entona tres sones, atentos escuchan, seguramente recordando lo ocurrido aquí 153 años atrás: el Presidente Emilio Montero; la presidenta del DIF municipal, Yoshira Sánchez López; concejales del ayuntamiento; integrantes de la Fundación Histórico Cultural y niños, muchos niños en edad preescolar y de primaria de esta ciudad que hoy festeja la fecha más importante de su calendario histórico local.

Habla el presidente sobre la importancia de este lugar, sobre aquella mujer valerosa, Tona Taati, que armó de fe a sus hermanos juchitecos y les hizo recobrar la fuerza para planear la derrota de los enemigos franceses.

A este sitio importante trae recuerdos: “Aquí descansaron los hombres y las mujeres que habían de luchar por la patria al día siguiente, en una batalla definitiva. Aquí se reorganizaron, aquí, en este sitio, trazaron la estrategia para combatir contra el enemigo invasor. Aquí prepararon la victoria del 5 de septiembre”, dice.

Emilio Montero resume el simbolismo del Pozo Peralta: “No podemos doblegarnos ante el enemigo, cualquiera que sea, sin antes reorganizarnos, trazar un plan, un proyecto,  para triunfar al lado de las y los demás”.

Afirma la necesidad de reconstruir el tejido social largamente dañado por la indolencia, por la corrupción y la deshonestidad de autoridades anteriores; y apunta hacia una reconstrucción con  hombres, mujeres y la diversidad sexual, de este municipio; y enfatiza: “No vamos a desmayar en el empeño”.

Se compromete con la solicitud hecha por la Fundación Histórico Cultural, anuncia que su gobierno construirá una barda perimetral para evitar futuras invasiones de grupos políticos, una barda que incluirá un mural en honor a los héroes; también gestionará ante la cámara de diputados que este pasaje histórico sea incluido en los libros de texto relativos a la historia nacional.

Desfile

“En 1866, juchitecas y juchitecos, con el valioso apoyo de pueblos hermanos, dieron una lección de valor y entrega a la patria. Con armas rudimentarias se alzaron contra el ejército invasor y lo vencieron, sumando así esta victoria a la obtenida por el ejército mexicano dirigido por Ignacio Zaragoza, aquel 5 de mayo de 1862”, dice en su discurso el presidente.

Está a punto de comenzar el desfile. En el Monumento a los Héroes del 5 de septiembre, Emilio Montero afirma que septiembre es un mes que nos recuerda el sacrificio de mucha gente que ha luchado por darnos una patria libre y generosa, fechas como el 13, 16, 7 y 5 de septiembre cimbran nuestros corazones.

Las 48 escuelas, oficiales y particulares, entre primarias, secundarias y preparatorias se alistan, el presidente asegura que el legado de nuestros héroes, no es sólo el recuerdo fervoroso, lo es también la responsabilidad de entregar diariamente nuestro esfuerzo, desde el lugar en que nos encontremos, desde el salón de clases, desde la casa, la oficina, el campo o el mar.

Los pies comienzan a marchar, el retumbo de los tambores resuena en los oídos de la gente que sale de sus casas y seguramente comienza a recordar las palabras de sus abuelos contándoles los pasajes de esta historia que han cuidado con recelo. Esos pies, acompañan el eco de aquellos otros pies que se dirigían hacia el triunfo sobre los invasores franceses.

Igú

Emilio y su cabildo llegan a la última parada, al escenario de la victoria alcanzada en las aguas pantanosas del paraje conocido como Igú. Lo recibe la sociedad de la Santa Cruz Igú, se estrechan la mano y se agradecen la mutua presencia. Comienza el acto.

“Muchos integrantes de aquel ejército republicano improvisado, portaban hondas, palos, machetes, lanzas, pero en cada una de aquellas rudimentarias armas ondeaba la bandera de la dignidad, una bandera que debe seguir ondeando en nuestros brazos, en nuestros corazones”, enuncia Emilio Montero.

Toma la palabra Lorenzo Sánchez Vásquez quien nos recuerda que estamos pisando tierras históricas y agradece al presidente el haberse acordado de este sitio de honor.

Resuena aún en el oído de las y los asistentes lo dicho por el alcalde, al mencionar que el ejército francés quería apoderarse de la patria, para convertirnos en vasallos de la corona del Segundo Imperio, y trajo las letras del compositor juchiteco Taquiu Nigui: “qui gana ca mesié, pa ráticabe ne guié” (no sabían los señores, que también las pedradas matan).

Y remachó: “Aquí en Igú se consumó el triunfo de las fuerzas juchitecas contra el ejército invasor. Este sitio nos recuerda una vez más la fuerza e inteligencia de las y los juchitecos, que siempre se saben organizar y sobreponerse a la adversidad”.

Cohetes y vivas retruenan en el cielo de Juchitán, entre los árboles de Igú. La sociedad reparte tamales de bela za, refrescos. Esto es una fiesta, y gritan de nuevo ¡Viva Juchitán! ¡Vivan los héroes del 5 de septiembre!

Por la noche llegará la fiesta, la vela que le dicen, para culminar la celebración. Mientras, se sigue repitiendo a las niñas, a los niños, para no olvidarlos, los nombres de los que entregaron su valor al lado de la patria: Albino Jiménez, Felipe López Lena, Cosme Damián Gómez, Marcos Matus, Crisóforo Canseco, Petrona Esteva, Simona Robles, María Tachu, y la lista sigue…