En 2006 confesó ser el verdugo de 336 colombianos y el autor de tres de las peores masacres de la Historia de Colombia.
Pero también deja en claro que los ciudadanos que fueron cómplices de la debacle deben ser juzgados por la justicia ordinaria pues esa suma de masacres no fue una política de Estado.
Dice la Corte que “va siendo hora de que, en aras de lograr una catarsis, un olvidar, un comenzar de ceros, todos hagamos un verdadero acto de contrición”.
En 2008, antes de que terminara de contarle al país su versión de los hechos, fue extraditado a Estados Unidos por tráfico de drogas junto con 13 comandantes paramilitares.
Y esos cuantos no deben ser investigados por un tribunal especial, que sería “un verdadero acto de contrición” de la cojísima justicia colombiana, sino que deben ser juzgados por los jueces de este país que –según el índice internacional creado en 2015 por la Universidad de Puebla– es el tercer país del mundo en impunidad.
Fuente original: “Todos somos culpables en Colombia” (Montería, Córdoba) | Internacional | EL PAÍS
