Algo similar sucede en el segundo relato, en el que una carretera, auténtica cinta de Moebius, remplaza el espacio claustrofóbico de la escalera sin salida.
En la primera historia, dos jóvenes delincuentes, Carlos (Humberto Bustos) y Oliver (Fernando Álvarez Rebeil), su hermano menor) intentan burlar al detective Molina (Raúl Méndez) huyendo por la escalera de un edificio.
Una muerte accidental complica la situación, transformando en una prisión y en un sepulcro anticipado al primer escenario del thriller criminal.
Una familia sale ahí de vacaciones sólo para descubrir que la ruta elegida carece de la salida prevista y se prolonga circularmente de modo angustiante.
De nuevo, una muerte accidental altera todavía más los ánimos ya trastornados, y hace del plácido viaje familiar un episodio de terror y degradación incontenible.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/21/opinion/a15a1esp
