Un caso entre otros es el de los vecinos de las colonias Juárez, Condesa y Roma, a quienes no pareció para nada bueno el proyecto de un Corredor Cultural a lo largo de la antigua y emblemática avenida Chapultepec, que une al casco antiguo de la urbe con lo que resta del bosque que le da nombre a la avenida.
A los vecinos no les gustó el proyecto porque les parece engañoso llamarle Corredor Cultural, cuando de lo que se trata, es hacer de esta vieja vía una especie de escaparate, plaza o mall como está de moda llamar a esos espacios de tiendas amontonadas, pero glamorosas.
La democracia participativa gana espacios en la realidad política de nuestro país.
Por todos los rincones de México, donde menos se piensa, salta la liebre de la participación ciudadana, de la exigencia, del reclamo, del ejercicio de la soberanía popular sin intermediarios, por el pueblo mismo, directamente y no mediante representantes que pierden día a día legitimidad y credibilidad.
En la ciudad de México veíamos el fenómeno de la exigencia de participación directa en la crítica, en la presencia y en la búsqueda de soluciones, como algo lejano que ocurría en ciudades más o menos apartadas, y si aquí afrontábamos marchas se referían a exigencias ajenas a la capital.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/26/opinion/028a1cap
