Uno podía imaginarse, por ejemplo, cómo, al ser mencionados por el príncipe de Atlacomulco, los ideales de la humanidad se conmovían, lloraban y se felicitaban unos a otros.
Bueno, para ser sinceros, algo dijo, y no le faltó poder de evocación.
La pieza oratoria también da pie para suponer que el vocablo multilateralismo ha de estar meditando la pertinencia de interponer una denuncia por tortura en contra del Estado mexicano luego de que Peña se esforzó de manera sostenida por descoyuntarlo.
Uno sabe cómo son estas cosas: ante el riesgo de audiencia escasa o nula a la alocución de un jefe de Estado en un foro internacional, sus subordinados se dedican a seducir a segundones y a implorar presencias para que al menos se llenen las primeras filas de butacas.
Y es concebible, también, que los pocos escuchas del gobernante hayan tomado nota de la advertencia y se encuentren a estas alturas cabildeando para organizar una próxima Cumbre Mundial para Erradicar el Populismo, como casi lo pidió el orador sin que la sombra de una tarjeta Monex le empañara el gesto.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/29/opinion/020a1mun
