Torpeza tras torpeza.
El desafío de la institución presidida por Mas exigía tanto una condena política contundente como una respuesta creativa y pragmática.
La querella contra Mas ha permanecido nueve meses en barbecho hasta la imputación.
Una vez aceptada a trámite, algún día tenía que llegar el momento de llamar a Mas, y esa fase se produce en un momento políticamente inoportuno.
Este órgano lo había vedado al observar que Mas se amparaba en la discutible legalidad fabricada ad hoc por el Parlamento de Cataluña.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/09/29/opinion/1443552357_817075.html
