Pero el mayor de sus méritos, el que los hace esenciales aunque su nombre siga sin prender entre el gran público, es la singularidad absoluta, su ausencia de referentes claros.
Hay contrapunto de alumnos clásicos en la fascinante Drips, que añade esas guitarras nerviosas de cuando en Talking Heads descubrieron los ritmos étnicos.
Pero no acaba de encontrarse parangón: aunque estos Tíos Holandeses entran a la primera, se les siguen descubriendo vericuetos a la décima.
Aclaración previa: no se flagelen si confunden a Duncan Wallis con una mujer.
A fin de cuentas, la androginia de esa voz seductora, un improbable cruce entre David Byrne y Annie Lennox, constituye uno de los encantos más adictivos en este quinteto británico.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2015/09/30/babelia/1443634771_758978.html
