Hoy se utiliza como arma arrojadiza para intentar silenciar voces que señalan la existencia de divisiones sociales que se expresan en diferencias políticas.
Un sol poble corean los partidarios de Junts pel Sí congregados cuando Raül Romeva sale a celebrar la agridulce victoria en escaños de las elecciones “plebiscitarias”.
Un sol poble vituperado, humillado, atacado por un Estado en el que se siente atrapado.
Resulta irónico que el soberanismo se lleve las manos a la cabeza cuando alguien sugiere que el sol poble está atravesado por profundas divisiones.
Su objetivo en los últimos años ha sido precisamente poner bajo el foco todas las fisuras que existían entre España y Cataluña.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/10/05/opinion/1444046875_755284.html
