Pero además de la discutible estructura de la globalización, el Tratado implica interrogantes políticos delicados.
Por ejemplo, el TPP implica un modo de relación comercial multilateral que, se quiera o no, será el dominante en los próximos años.
Pero en ningún caso estamos ante la voluntad de configurar un campo abierto para una globalización que no sea la financiera.
Sin duda esa interpretación es correcta; Washington no acepta ser un jugador de segundo orden en el ajedrez, menos complicado de lo que parece, de la globalización.
El argumento de Washington, que puede resumirse en “debemos decidir el papel que jugamos en la globalización” es enteramente aplicable a Pekín.
Fuente: http://economia.elpais.com/economia/2015/10/09/actualidad/1444415071_712594.html
