Y lo seguirán haciendo no por cínicos ni pecadores conscientes, sino porque es lo que hacen y como viven.
El Papa podrá hablar, como en letanía, de corrupción, pero cualquier católico sabe que si confiesa sus pecados tendrá una pequeña penitencia y la absolución.
No es así y la verdad es que a nadie le importa lo que diga: todos sus oyentes seguirán haciendo lo mismo que hacían el mes pasado.
¡Ah!, pero lo dijo el Papa, entonces va el aplauso.
¿Dejarán los políticos de hacer negocios a través de prestanombres y de contratos amañados?
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/18/opinion/022a1pol
