Lo cierto es que el punto de inflexión que supone un premio Oscar, comporta una carga explosiva difícil de determinar.
Cuando Humphrey Bogart coincidía con algún ganador de un Oscar, jamás le felicitaba.
Su arrebato de locura cuando en 1999 ganó el Oscar por La vida es bella, se recuerda como un espejismo.
Si no, atiendan a las trayectorias posteriores al Oscar de Hilary Swank, Kim Basinger, Geena Davis, Helen Hunt, Timothy Hutton, Mira Sorvino o Renee Zellweger.
Hoy, igual que entonces, ser portador de un Oscar no es garantía de nada.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/11/estilo/1457708286_795174.html
