Busquen un atajo, pero no dejen de venir a Puerto Rico…, ¡aunque sea por Miami si no tienen otro maldito remedio!
Y él me espetó, cuando yo me abría la puerta: “Pero Puerto Rico no es tan isla”.
A esa hora de la tarde el diluvio había diluido ya el olor de la guayaba con frijoles.
Finalmente, me di cuenta de que estaba en la parte más blanca de los Estados Unidos, y me hice entender.
“Yo soy de la isla, y esta isla nadie me la puede quitar, porque una isla es el alma que va con nosotros”.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/03/14/actualidad/1457961953_728439.html
