“No sabía que al lado era una casa de seguridad de Guerreros Unidos”, cuenta Wooden.
Aquella tarde, Carmen acudió a la comandancia y no se fue hasta que liberaron a su pareja.
Aunque pueda parecer extraño, el relato de Wooden coincide con el modus operandi de Guerreros Unidos en la región, de acuerdo a los datos que maneja el Gobierno mexicano.
Wooden y Carmen habían atestiguado durante años las actividades de sus vecinos y a veces, incluso, los grababan con su celular.
Al rato llegaron las camionetas de la policía, allanaron el local sin permiso y se llevaron a Wooden.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/04/14/mexico/1460586316_096686.html
