“Los dos países ven su relación bilateral como una gran conquista que no puede ser dañada.
Merkel insiste en acelerar las negociaciones pese a las resistencias que encuentra en el Gobierno francés, y también en casa.
La canciller y el presidente tienen, además, un enemigo común en los populismos a los que se enfrentarán en las elecciones que los dos países celebrarán en 2017.
Hace años que Berlín se desespera por lo que considera una excesiva lentitud de París en un plan consistente de reformas económicas.
Y la gestión alemana de la crisis griega exasperó a buena parte de los socios europeos, incluidos los franceses.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/05/06/actualidad/1462550656_119586.html
