Estos síntomas, que en la naturaleza nos predisponen para defendernos de un peligro, duran hasta que acontece el fatal desenlace: la ruptura amorosa.
De forma inesperada, las alarmas se disparan justo en el momento en el que su pareja sentencia: «tenemos que hablar».
La investigación confirmó que en las personas que tomaron este compuesto, se reducía la actividad cerebral relacionada con el dolor.
Aunque el cerebro no procesa igual el dolor emocional que el físico, las reacciones posteriores sí son muy parecidas.
Lo bueno es que, con o sin paracetamol, la desazón tampoco dura para siempre.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/07/21/buenavida/1469116658_384488.html
