ampliar foto Una de las fachadas de la Unidad Habitacional de Le Corbusier, en Marsella.
El conjunto acogía carnicería, pescadería, panadería, ultramarinos, dispensario médico, supermercado, guardería (que sobrevive), librería, droguería, lavandería y un cine-club, además del hotel.
La obsesión de Le Corbusier estaba clara: poner al ser humano en medio de las preocupaciones de hoy”, explica orgullosa Dominique Gerardin, propietaria desde hace 13 años del hotel Le Corbusier y del restaurante El Vientre del Arquitecto, situado también en la tercera planta del edificio.
Le Corbusier era un manipulador fascinante y mediante esta estructura descomunal en la que estamos nos vuelve a manipular como a niños.
Le Corbusier profesaba un progresismo social que quiso traducir en formas y contenedores arquitectónicos de talla humana.
Fuente: http://elpais.com/elviajero/2016/08/08/actualidad/1470666266_947473.html
